SABOR A AMOR. Capitulo 2

CAPITULO 2

Cómo esteticista culinaria, Defne contaba con la ventaja de estar familiarizada con las cámaras, y los focos, pero cuando entraron al estudio, se unió a la exclamación de admiración de sus compañeros.

En la pantalla, resultaba todo más pequeño, casi íntimo. El set, simulaba la cocina de un restaurante, y no lo era, era un estudio gigante, lleno de cables y equipos técnicos, los hornos y los puestos se alineaban en las paredes, había una despensa, un espectacular frigorífico de 2 puertas, así
como una máquina de helados, un equipo de congelación rápida, y otros aparatos electrónicos.
El espacio permitía el libre movimiento de los concursantes, y las cámaras. A partir del lunes, el presentador estaría narrando lo que sucedía, y entrevistando mientras trabajaban, eso preocupaba a Defne.

-¿Estás nerviosa? -preguntó Omer.

Ella sacudió la cabeza, fingiendo una calma que estaba lejos de sentir
-Y yo creía que eras sincera -bromeó él
-Bueno, un poco. -admitió ella – pero, no por la parte de la cocina, sino por lo del entretenimiento, soy chef, no actriz. – hizo un gesto con la mano – Supongo que las cámaras nos ponen nerviosos a todos
-A mí no, si quiero ganar no puedo estar nervioso
-Querer, no es poder
Él le dedicó una sonrisa arrebatadora e inclinándose dijo con total convicción
-Voy a ganar
-Ni lo sueñes, papel -dijo ella con firmeza.

Omer rio
-No me equivocaba al intuir que eras una piedra, pero mi único sueño en este momento -le dijo – y lo único en lo que puedo permitirme soñar, es ser el último que quede en esta cocina.
-Ya somos dos
–Somos doce. -dijo el joven que estaba a la derecha de Defne
-Eso me recuerda que no me he presentado -ella le tendió la mano -soy…
-No es necesario, sé quién eres

-¿De verdad? – preguntó ella, palideciendo

A Omer le extrañó su reacción, que pareció más de culpabilidad, que de sorpresa.
-Llevas un broche con tu nombre -dijo como si fuera una obviedad
-Ah, claro, el broche -ella río llevándose la mano al pecho.
-Vamos a tener que trabajar juntos
Omer encontró la idea de colaborar con ella demasiado atractiva para su paz interior, así que aclaró
-No, vamos a competir entre nosotros, y como te he dicho pienso ganar
Ella alzó la barbilla inmune a su arrogancia, él encontró su altanería extrañamente excitante.
-Sigue soñando papel, sigue soñando – respondió ella.

Esa misma semana fue eliminado el concursante que estaba a su derecha, ni tiempo le dio de saber cuál era su nombre, y así se irían dos concursantes semanalmente, ella lucharía hasta llegar a la final.

Lo mismo con lo que contaba Omer. Se había esforzado mucho para llegar hasta ahí, había sido su sueño ser el dueño de su propio restaurant y estuvo a punto de conseguirlo una vez, pero, bueno…

Lo único, o, mejor dicho, la única que sacaba de su mente la idea de ganar, era Defo, así se llamaba la extraña que besó en el taxi. Un extraño nombre, pero no menos hermoso que su dueña, una vez que hubiera ganado, tenía claro que la invitaría a cenar, y después quizás tuviera suerte, y la invitación se extendería por mucho tiempo.

Las horas de grabaciones eran extensas, y agotadoras, eso y el hecho de que los concursantes no podían fraternizar, le habían impedido pasar más tiempo con ella, pero, aun así, estaba siempre en su mente. Ya sentía el deseo de besar nuevamente esos labios y volver a sentir esa conexión que
tuvieron en el taxi. Para fin del mes, ya solo quedaban 5 concursantes, por lo que la productora decidió darles un fin de semana libre, para descansar, y proseguir el lunes con las
grabaciones.

Defne iba saliendo de la productora cuando fue interceptada por Omer.
-Ven conmigo, te invito a cenar – le dijo.

-Por supuesto que no – respondió ella – ¿o acaso se te olvida que estamos compitiendo?

–Entonces, ¿por qué no firmamos una tregua? – le dice con su hermosa sonrisa

Defne pensó que era muy agradable estar tan cerca de él. Recordó sus labios.

¿Y si lo besara una vez más?
Dio un paso al frente, y se acercó. ¿Qué mal podía hacer un beso? Solo uno…
–¿Omer? –dijo con voz ronca – No puedo
Después solo camina riendo, él la sigue y la ve esperando a que un taxi se detuviera, cuando vio que ella había abierto la puerta, corrió y se subió al mismo taxi.
-Pero…
–Pero nada, ya una vez te dejé el taxi, ahora no será igual. ¿Qué te parece si lo compartimos?
-Pues por mí no hay problemas

-¿Adónde van? – les pregunta el chofer
Omer le da una dirección, y Defne le iba a decir la suya cuando él la interrumpe.
-Eres muy buena en la cocina, ¿Dónde estudiaste?
-Aquí en Estambul, pero también fui enviada a estudiar al extranjero.
-Ya me parecía, creo que debo prestarte más atención que a cualquiera de los otros participantes.
-Lo mismo digo, ¿Dónde estudiaste? Porque te desenvuelves de muy buena manera.

-Aprendí con la práctica, no tengo estudios formales.
-Vaya esto sí que es una sorpresa, jamás me lo habría imaginado.
La conversación entre ellos fluía de un tema a otro, Omer era un hombre muy agradable, y cuando no la miraba con esos intensos ojos que parecía que se la quería comer.
-Aquí – escuchó decir al taxista.

Omer se baja y la ayuda a ella a descender del auto.

-Pero esta no es mi dirección – le dice ella
-No, es la mía, ven – le dice tomándole la mano – te voy a cocinar un plato exquisito, mi especialidad.
El botones del edificio le ayudó a llevar los bolsos, al parecer Omer era un hombre muy querido, porque, persona con la que se cruzaba, lo saludaba muy amable, y él siempre con su sonrisa.
Su departamento, era el típico departamento de hombre solo, mientras menos muebles mejor

-¿Quieres tomar algo?
–Lo que tú vayas a tomar
-Pues, yo acostumbro tomar vino blanco, mientras cocino.
-Para mí está bien, una copa de vino blanco.
Omer se fue a una de las habitaciones, cuando volvió lo hizo con unos jeans, y una polera negra, le quedaba como esculpido a cada músculo de su torso. No se atrevió a mirar más abajo, por pudor, y por miedo a ser descubierta.
Estas eran nuevas sensaciones para ella, tenía claro que se llamaba deseo, pero hasta ahora no lo había sentido tan fuerte y menos aún, con un extraño.
-Eh, entonces ¿qué vas a preparar? – le dice para sacarse de la cabeza lo ajustado de esa polera.
Omer entró a la cocina, mientras ella se dedicaba a recorrer el departamento. Era agradable, claro ella le haría algunos cambios, pero como no era suyo.
–Defne – le escucha decir desde la cocina.
Ella fue hasta el lugar con su copa de vino aun en la mano.
-Ven y prueba – le dice con un poco de comida en una cuchara
Ella se acerca, toma lo que él le ofrece
-Exquisito -le dice
-Haber, quiero probar – pillándola completamente por sorpresa, Omer inclinó la cabeza y le rosó sus labios con los suyos.
Defne sintió una bocanada de calor cuando sus labios se encontraron, pero sin dudarlo respondió al beso, y sin más, el deseo se apoderó de ella, su cuerpo se fundió con el de él.
El deseo fluyó por sus venas, y la hizo tambalearse. Eso por pensar que un beso no sería nada, cuando era justo lo contrario. Omer se separó por un breve instante, sonrió y la miró en silencio.
Defne se dio cuenta de que la iba a besar nuevamente.
Podría dar un paso atrás, pero no lo hizo, la curiosidad y el deseo la tenían inmovilizada, cuando la besó, sintió una sed insaciable que no la dejó protestar.
Omer le acarició los pechos por encima del vestido haciendo estallar dentro de ella una carga de dinamita.
Sin pensar lo que hacía, lo besó con una pasión que la sorprendió incluso a ella.
–¿Ves? hay algo entre nosotros –comentó él mirándola fijamente–. Bastó un beso para que hubiera magia, tú también lo sentiste, ¿verdad?
La volvió a besar y ella se dio cuenta de que estaba de acuerdo. Se besaron con una pasión desconocida.

Defne sintió que le estaba bajando la cremallera del vestido.
Una parte de ella sabía que debía parar, sin embargo, cuando el vestido cayó al suelo, y Omer encontró sus pechos a través del delicado encaje del sujetador, esa parte de ella enmudeció para dejar paso a instintos mucho más fuertes.
–Eres tan hermosa –susurró–. No sabes cuánto te deseo… Te he deseado desde que te vi, he intentado convencerme de lo contrario, pero es inútil…
Defne se sintió confusa porque a ella le había pasado lo mismo.
–¿Por qué vamos a luchar contra esto, cuando nos lo podríamos pasar tan bien?
Ella le pasó los brazos por el cuello, en absoluto avergonzada por su casi desnudez, no había estado con nadie, no había deseado a nadie.
No había querido desear a nadie, pero, ahora, estaba dando rienda suelta a sensaciones que quería mantener escondidas.
Sintió las manos de Omer en la espalda y le ayudó a desabrochar el sujetador, al sentir sus dedos sobre el pecho sintió un inmenso deleite.
Entonces, él se inclinó y tomó un pezón duro y erecto entre sus dientes.
Ella gimió de placer.
–¿Nos vamos a la habitación? –jadeó él al cabo de un rato.
Ella se moría por ir a su cama, por meterse entre las sábanas con él y sentir su desnudez.
–¿Defne? –insistió él mordisqueándole el lóbulo de la oreja.

No se molestaron ni en abrir las sábanas, Omer la depositó en la cama, y ella lo vio desnudarse.
Mientras lo hacía, pensó en lo perfecto que era y en cuánto lo deseaba, él vio que lo estaba mirando y sonrió.
«Él sabe lo guapo que es», pensó mientras se quitaba los zapatos y las medias.
Probablemente, aquello fuera un gran error. Todavía estaba a tiempo de echarse atrás, de decirle que había cambiado de opinión.
Pero él se arrodilló junto a la cama y la ayudó a quitarse las medias, al sentir su mano en la parte interna del muslo, la intención de parar aquello se evaporó.
Lo miró a los ojos mientras los dedos de Omer avanzaban hasta llegar al encaje de sus braguitas. Defne sintió que le estallaban los tímpanos de lo
fuerte que le latía el corazón.
Las apartó y comenzó a tocarla de una forma que la hizo gritar de placer. Se echó hacia atrás, apoyó la cabeza en la almohada y se entregó a las oleadas de éxtasis.
La verdad era que se le daba bien, eso había que reconocerlo.
Cuando se inclinó, y siguió con la lengua la misma trayectoria que habían seguido sus dedos, Defne sintió que el mundo se tambaleaba, se tomó de las sábanas para no gritar de placer.
Omer subió por su vientre, se detuvo en sus pechos y siguió hasta su boca.
Ella emitía pequeños gemidos.
–¿Qué me dices? –susurró él.
–Que te deseo –contestó ella con voz ronca–. Te deseo de verdad.
Omer jugueteó un poco más con sus pezones mientras ella sentía el calor de su erección entre las piernas.
–No te oigo –dijo–. Dilo más alto.
–Te deseo –repitió ella con voz temblorosa mientras la penetraba y se movía sobre ella con un ritmo tan natural como respirar.
Cabalgaron juntos hasta alcanzar el orgasmo. En lo más alto, Omer la besó con una posesión fiera.
Abrazados, se quedaron en silencio.

-Defne estaba demasiado conmovida
como para hablar o moverse siquiera, se sentía feliz con el brazo de Omer alrededor de su cuerpo, aquel gesto protector la hizo dormirse escuchando los latidos de su corazón.

-Cuando abrió los ojos, vio que seguían abrazados y no supo si sentirse avergonzada, por lo que había ocurrido o dejarse llevar por el deseo que se estaba empezando a apoderar nuevamente de ella, ante el contacto de sus cuerpos.
Recordó que Omer le había dicho, lo mucho que la deseaba y que había intentado luchar contra ello. ¿Habría alguna posibilidad de que sintiera algo más?
Se quedó pensando, intentando aclarar sus ideas y, entonces…
–Buenos días –la sorprendió la voz de Omer.
–No me había dado cuenta de que estabas despierto.
–Llevo un rato despierto, sí –contestó él besándola–. Estaba decidiendo si estaría bien despertarte para volverte a hacer el amor.
Ella se sonrojó de placer, inmediatamente excitada. Sin pensarlo, lo besó con deseo.
Volvieron a hacer el amor, luego exhaustos quedaron en la cama abrazados nuevamente
-Me gustas – le dice él de improviso

-¿Cómo?
-Que me gustas y mucho, sé que somos rivales en la competencia, pero fuera de ella, quiera pedirte que fuéramos algo más
-Algo ¿Cómo qué?
-Pareja, me gustaría ser tu pareja
-Yo no sé qué decir, esto es increíble, yo jamás…
-Lo sé – le dice él – por esa razón, sé que lo que sientes es tan intenso como lo que estoy sintiendo yo, te propongo algo
-Dime
–Quien gane la competencia, abrirá su propio restaurant y trabajaremos juntos en él

-¿Trabajar juntos?

-¿No te gusta la idea?
-No, todo el contrario me gusta y mucho, pero primero debemos darle tiempo al tiempo, quizás te veas arrepentido de tus palabras.
-No – le dice él – es una promesa, por lo menos de mi parte, si gano el premio, cuando abra el restaurant, tú serás mi socia, espero recibir el mismo trato.
–Lo prometo, cuando gane el concurso.

-Si es que ganas el concurso
-Por eso digo, cuando gane el concurso, – le dice riendo – tú serás mi socio.
El fin de semana lo pasó en el departamento de Omer, el lunes fue de carrera a su departamento a buscar cosas para volver a la productora.
-Defne Topal – le dice un hombre de traje negro
-Si soy yo
-Señorita la hemos buscado durante días
-Y eso ¿para qué?
-Hemos venido a entregarle la carta para la lectura del testamento de su
madre

-¿Mi madre?
–Señorita, su madre falleció la semana pasada, hemos tratado de contactarla, pero ha sido imposible hasta hoy.
Ella quedo ahí petrificada, ella había entrado a ese concurso para demostrarle a su madre que podía comenzar su propio restaurant sola sin la ayuda de su apellido y ahora ella estaba muerta.
-Donde está enterrada, ¿lo sabe?
-Por supuesto, le dejó la carta para la lectura del testamento, por favor no falte, en el sobre le dejé la dirección del lugar donde está su madre.
-Gracias – logra decir
Como puede llegar a su departamento y marca el número de su abuela,
ella debía estar destrozada
–Abuela – dice – lo sé… me acabo de enterar… abuela ¿Cómo estás?, perdón yo debía estar junto a ella cuando murió, ni siquiera sé qué fue lo que sucedió.
Ahí quedo con el teléfono en la mano sentada en el piso tratando de entender lo que su abuela le trataba de contar entre sollozos.

Era ya tarde y Defo no había llegado, era extraño, ella solo iba a su departamento a buscar algo de ropa y se encontrarían afuera de la productora, pero no llegó y aun no lo hacía, que torpe no pedirle su número de teléfono, o la dirección del lugar donde vivía, aunque no importaba mucho a esa altura porque las grabaciones comenzarían en un momento, y si ella no llegaba, seria descalificada y el concursante que había sido eliminado tomaría su lugar.
Escuchaba como los productores hablaban entre ellos y hacían llamadas telefónicas, pero no decían nada que le aclarara si sabían dónde estaba ella, hasta que él entendió todo, Defo había sido eliminada, porque la
mujer que se fue la semana anterior volvió al concurso
Y, ¿Qué pasó con Defo?
CONTINUARÁ

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