La vida juega con nuestro destino, de manera en la que nosotros ni
siquiera nos damos cuenta
A algunos lleva a cumplir los sueños a otros simplemente los deja sin
esperanza.
Desde el momento en que Defne se enteró que su madre había muerto, su
vida cayó cuesta abajo.
Haberle dado rienda suelta a su pasión, haber disfrutado esos momentos
con Omer, solamente trajo mala suerte a su vida, fue el pensamiento que
rondaba en su cabeza.
Primero se enteró de la muerte de su madre, no conforme con eso, a su
abuela le dio un ataque, que la dejó Internada en una clínica al borde de la
muerte por semanas.
El día que se leyó el testamento, se enteró qué su madre había cumplido
su palabra, no le había dejado absolutamente nada, todo lo había
heredado su hermano.
Defne acompañó a su abuela, estuvo con ella día y noche hasta que por fin
comenzó a dar muestras de una recuperación, pero el doctor le aclaró que
sería muy lento, por su edad el ataque había dejado secuelas que
necesitaban tiempo para recuperarse.
A su abuela le dieron el alta y se la llevó hasta su casa, por la condición, no
la podía dejar sola, por lo que se tuvo que mudar a su casa y dejar su
departamento.
Su hermano pese a contar con los recursos económicos no le prestó
ayuda, ella tuvo que costear los gastos de la hospitalización de la abuela y
todo lo demás.
Cuando ya notó que su vida estaba más tranquila, necesitaba olvidarse de
los problemas y volvió al departamento a buscar a Omer.
Ahí recién notó que había pasado dos meses desde la última vez que lo
había visto.
Llegó hasta el edificio, subió al ascensor con el corazón a mil por hora,
quería felicitarlo por haber ganado el concurso y quería contarle todo lo
que le había sucedido en este último tiempo.
Toca el timbre esperanzada de ver su rostro y que eso causaron poco de
alegría a su vida
Escucha unos pasos acercarse a la puerta, su cara se ilumina con una
sonrisa, deseaba tanto verlo, abrazarlo y besarlo
-Buenas tardes -saluda Defne
-Buenas tardes – responde la mujer que le abrió la puerta.
- ¿Podría hablar con Omer?, por favor
-Se está bañando -le responde la mujer – si no es urgente, puede dejar un
recado conmigo, soy su novia. - ¿Su novia?
-Sí, su novia, me llamo Iz, ¿le quieres dejar algún recado?
-No -le responde ella – no es urgente no se preocupe, hasta luego.
Defne se había quedado tan sorprendida, que no supo cómo llegó hasta la
casa de su abuela y ahí su sorpresa se transformó en enojo, Omer la había
engañado con otra, aunque en realidad pensó, fue la otra mujer a la que
engañó con ella.
–¿Cómo me hiciste esto Omer Iplikci? – le reprochó en el silencio de su
habitación
Se sentía humillada y todo empeoro, un par de días después, leyendo la
prensa, se encontró con la foto de Omer y la mujer que le abrió la puerta,
Iz, él la llevaba del brazo.
¿Suenan campanas de boda para Omer Iplikci?, el flamante ganador del
concurso televisivo quien abrió su restaurant se le vio bien acompañado,
se leía el pie de la imagen.
–¡Maldito! – exclamo ella
Se sintió la persona más idiota sobre la faz de la tierra, se sintió utilizada y
manipulada, pero era demasiado orgullosa como para sentarse a llorar,
así que intentó seguir adelante.
Diez meses necesito su abuela para recuperarse, Defne pensó que era hora
comenzar a retomar su vida y lo primero que debía hacer era encontrar un lugar donde trabajar en lo que la apasionaba.- Llena de esperanzas
comenzó a recorrer los lugares donde había trabajado antes, pero fue
mucho más difícil de lo que creyó.
En un año cambiaron muchas cosas, la editora de la revista en la que
trabajaba, había sido trasladada otro país. Cuando la mujer supo que ella
buscaba trabajo, la invito a irse al país donde estaba ella, pero Defne no
quería dejar a su abuela sola, así que declinó la invitación y se paso los
siguientes días recorriendo restaurant y revistas dejando sus antecedentes
y en todos lo decían lo mismo.
-La llamaremos – por experiencia ella sabia lo que significaba, que nunca
lo harían.
Cansada, un día se sentó en una plaza a pensar que hacer, aunque el
dinero no le hacia falta por ahora, este no era eterno, tendría que
encontrar un trabajo pronto.
-» Es una promesa «– recordó ella – cuando gane el concurso abriré mi
restaurant y serás mi socia.
La pregunta es, ¿recordara la promesa?, por lo que sabia al restaurant le
iba muy bien, era visitado por las celebridades del Estambul, los
futbolistas también habían hecho de ese lugar su favorito, entonces cabía
la posibilidad de él no quisiera compartirlo con nadie, menos con ella que
solo fue una aventura en su vida.
Y… además ¿podría ella trabajar a su lado sabiendo la manera en la que
fue humillada por él?, la respuesta a esa pregunta, llegó de inmediato
-No, eso jamás !!
Se levantó de donde estaba y volvió a su casa- ¿Cómo te fue? – le pregunta su abuela
-Hola abuela, lo mismo de siempre
-Perdóname, si no te hubieras quedado cuidándome, estarías trabajando y
no pasando por todo esto.
-No abuela, no digas eso, si tuviera que hacerlo otra vez, lo haría, porque
te quiero mucho y soy feliz viviendo contigo.
-Gracias mi niña, ven preparé la comida, tu preferida.
-Ves, como no te voy a querer, si siempre me estas consintiendo.
Durante toda la semana, la idea de cobrarle la palabra a Omer, le bailaba
en la cabeza, hasta que al final decidió contarle a su abuela, ella sabría
darle un buen consejo.
-Y – le dice a su abuela después de haberle contado toda la historia,
aunque en realidad no había mucho que contar.- - Déjame ver si entendí bien, ¿él prometió hacerte socia de su restaurant?
-Sí
-Y, ¿no quieres ir a cobrarle la palabra solo por orgullo?
-No solo orgullo y ¿si no recuerda lo que dijo? y ¿simplemente me hace
echar del lugar?
-Y si, por el contrario, se acuerda de su palabra y la cumple.
-Abuela, ¿crees que pueda pasar eso?
-Esa respuesta la tendrás, solo si te atreves a ir hasta ese restaurant,
pararte frente a él, y recordarle su promesa.
-Tienes razón, mañana iré, debo intentarlo no pierdo nada, gracias abuela
– le dice junto con depositar un beso en su mejilla.
Aunque durante la noche durmió poco, Defne se levantó de madrugada,
tendría que prepararse muy bien para volver a ver a Omer, necesitaba
sentirse hermosa, eso le daría mayor seguridad, para lo que sea que
pasara en su encuentro.
Llegaría temprano, antes de que el restaurant se abriera al público, para
no pasar vergüenza si él desconocía su palabra y la mandaba a sacar.
Eligiò un pantalón plomo que le llegaba a la cadera y una blusa blanca,
que ato a la altura de su cintura, dejando al descubierto parte de su
abdomen, tomó su cartera se la cruzo enfrente, luego de llenar sus
pulmones de aire y expirarlo fuerte, salió de su casa rumbo a lo que fuera
que el destino le tenía preparado.
–Necesito hablar con el señor Omer Iplikci.
Escuchò desde su oficina, Omer se acercó a la puerta, para oírla mejor, se
preguntó, cuánto tiempo hacía que no oía esa voz, le parecía un siglo,
había pasado un año y no se había olvidado de ella.
–Primero dígame, ¿quién es usted? –le escuchò decir al guardia–. ¿y para
que busca al señor Omer?
–Dígale simplemente que su socia necesita hablar con él.
–¿Quien?
–Ya me escuchó, solo dígale eso, yo espero aquí.
Omer volvió a su escritorio y fingió no saber nada.
-Señor, hay una señorita que quiere hablar con usted, dice que es tu socia.- ¿Mi socia? – le dice él al tiempo que sonreía. Dile que pase.
Después de un año buscándola, ella simplemente un día decide
presentarse en el restaurant, no sabía si reír o enojarse.- Tranquila, todo va a salir bien, se dijo ella mientras caminaba detrás del
guardia.
Al entrar lo vio de espaldas, mirando desde el ventanal, toda la
tranquilidad se fue a la basura.
Se quedó mirando aquella figura alta y fornida, con vaqueros y camisa
negra.
Sintió un nudo en la garganta.
Carraspeó y él se giró.
–Buenos días – le dice.
Omer la miró, la mujer con la que llevaba soñando el último año de su
vida y que busco como un loco, estaba ahí.
Seguía tan guapo como siempre, pensó Defne… los mismos ojos negros y
labios sensuales.
Recordó los besos que había recibido de aquellos labios, el deseo que
habían despertado en ella y se apresuró a apartar aquellos pensamientos
de su cabeza.
Quizás, estaba comprometido o tal vez casado.
–Defo… qué sorpresa –contestó él.- –¿De verdad?, entonces nunca esperaste que viniera a este lugar.
Él no contestó inmediatamente, la miró de arriba abajo
se recreó en sus ojos y en los mechones recogidos en un moño bajo.
Defne sintió como si la estuviera tocando y deseó que dejara de mirarla,
sentía que toda la seguridad con la que había llegado, se perdía en esa
mirada.
–La verdad, es que el último lugar donde hubiera esperado verte es aquí.
-Vine a recordarte la promesa que me hiciste hace un año atrás.- ¿Una promesa?…
-Hace un año, después de… bueno… ya no importa creo que cometí un
error al venir – le dice y se da media vuelta para salir de la oficina.
Omer se apresura y la alcanza antes de que ella llegue a la puerta, la toma
del brazo para impedirle salir.
Como era posible que solo al tocarla sintiera esa electricidad que le
recorría el cuerpo entero, al parecer no solo a ella le sucedía, ya que él
retiro su mano rápidamente, enseguida se repuso y le sonrió.
Respiró hondo mientras intentaba recuperarse del contacto, de cómo la
hacían sentir su sonrisa, de su masculina presencia…Contrólate, se dijo con desesperación, estás aquí para algo especifico.
Serías una tonta si te desviaras de lo que has venido a hacer».
Tonta !!!.
Ese adjetivo la devolvió a la realidad, era una palabra que tenía en la
mente desde hacía meses.
Esa y otra más, estúpida.
-Por favor, Defo, ¿podemos sentarnos? – le dice él después de haber
terminado su escrutinio.
-Defne – le dice ella – ese es mi nombre Defne Topal.
Con razón nunca la pudo encontrar, él buscaba a Defo.
-Defne, me decías de una promesa.
-Si, la promesa, quien ganara el concurso y abriera su restaurant, haría
socio al otro, ¿lo recuerdas?
-Pues, si lo recuerdo, pero ¿tengo una pregunta?- ¿Cuál?
- ¿Por qué tardaste tanto en venir?, te he estado esperando por un año.
- ¿No te entiendo?
-Pues sí, nunca he olvidado mi promesa, te busque, pero ahora me doy
cuenta que nunca encontraría a Defo. - ¿Entonces?
-Entonces nada, bienvenida al restaurant, socia – le dice él dándole la
mano.
CONTINUARA

