Defne Topal, movió un centímetro hacia la derecha la ramita de albaca
que coronaba una pechuga de pollo salteada, sobre una cama de risotto y
puntas de espárragos, luego dio un paso atrás y la observo junto con la
editora de la revista, un chef en el hogar.
-Sigue sin quedar bien del todo – dijo la mujer.
Tampoco sabía bien, pero Defne se guardó el comentario, la comida
preparada para las sesiones fotográficas siempre se cocinaban poco para
que retuvieran humedad y al arroz le faltaba sal.
Pero como estilista, no le correspondía juzgar
-A mi no me gusta el plato cuadrado – dijo
Hacia que el plato resultara asiático en lugar de italiano, Defne llamo a su
asistente.
-Trae el plato redondo con bordes dorados y cambiemos las velas y los
servilleteros.
Media hora después con los cambios hecho por ella, la mesa quedo
esplendida y por fin el fotógrafo podría hacer su trabajo, para que las
fotos fueran publicadas en la portada de la revista en el mes de octubre.
-Otra fantástica sesión – le dijo la editora una vez terminado todo – nadie
mejor que tú para hacer parecer la comida apetitosa.
Defne acepto el cumplido con un movimiento de cabeza, el estilismo
gastronómico era su trabajo y lo hacía bien, se había convertido en una
afamada profesional.
Quizas por eso aun le dolían las palabras de su madre, que la consideraba
una fracasada“. Los que saben cocinar cocinan, lo que no, se convierten estilistas
culinarios”.
Tras pagarle los estudios en la mejor escuela de cocina del país, la había
enviado dos años al extranjero para aprender técnicas de cocina, ella creía
que Defne seguiría sus pasos y algún dirigiría el restaurant de la familia, al
que le había dedicado cada día desde que ella recuerda.
Su hermano ya ocupaba el lugar para el que su madre lo había preparado,
como contador y gerente del local, se suponía ella seria la siguiente super
chef.
Rebeldía, como quieran llamarla, pero ella no pensaba trabajar con su
madre, pero eso no quiere decir que no quisiera seguir sus pasos,
necesitaba demostrarle primero a su madre y luego a ella misma que
podía ser la mejor chef del país, aun más que el hombre que trabajaba
para ella en su restaurant.
Salió del estudio para tomar un taxi, tenia el tiempo justo para llegar al
centro, alzo el brazo y en cuanto se detuvo uno corrió hacia él y llevo la
mano a la manija en el mismo momento en que lo hacía un hombre, sus
dedos rozaron y ambos retrocedieron.
-Oh – dijo Defne, no solo por la sorpresa, sino porque el hombre era muy
guapo, era moreno, cabello negro, una barba espesa enmarcaban su
barbilla y tenia una relajada y hermosa sonrisa, que parecía contrastar
con sus intensos ojos negros.
¿Piedra, papel o tijeras? – pregunto él.
-Muy bien – le dice ella.
-A las tres – dijo el hombre, ella asintió y al unisonó dijeron – una, dos,
tres.
Él extendió la mano boca arriba, mientras que Defne sacó dos dedos e
imitó el movimiento de una tijera. La tijera corta papel.
Él sacudió la cabeza
-Estaba seguro de que ibas a sacar una piedra
-Siento haberte desilusionado
-Yo no diría que me has desilusionado
El hombre abrió la puerta para ella, pero antes de cerrarla se inclino hacia
el interior, su expresión se había vuelto tan intensa como su mirada
-Ya que me dejas sin transporte, ¿puedo pedirte un favor?
-Supongo que sí-.
Olvídalo, es una locura
-En serio dímelo, es lo menos que puedo hacer
El hombre vacilo brevemente
-Voy de camino a una cita que podría cambiar mi vida
¿Una entrevista de trabajo?
-Algo así
-¿Qué querías pedirme?
Él le miro los labios
-Puedo… puedo pedirte un beso de buena suerte?
Defne dejo escapar una risa nerviosa, al tiempo que sentía un hormigueo
en el estomago
-Tengo que darte puntos por originalidad, nunca había oído algo igual
Él hombre se rasco la barba con un gesto de mortificación que Defne
encontró preocupantemente encantador.
-Qué vergüenza olvídalo
Se irguió en un segundo cerraría la puerta y el taxi arrancaría, ella
también necesitaba suerte y que tenia de malo dar un beso a un
desconocido, en una ciudad de 80 millones de habitantes era imposible
que volvieran a coincidir, sin pensarlo dos veces, Defne tiro de su
chaqueta y lo atrajo hacia si
Sus labios chocaron torpemente, antes de acomodarse, la presión de los
de él fue firme y delicada, ella supuso que con eso el se incorporaría y ella
seguiría su camino, pero el hombre puso una mano en su mejilla y la
acaricio con el pulgar antes de deslizar los dedos hacia su cabello, ella
cerro los ojos y suspiro.
¿Vas a entrar o qué? -pregunto el taxista.
Sus palabras fueron como un jarro de agua helada sobre la hoguera que
había estallado en el interior de Defne, el hombre sonrió un poco aturdido
Ella que no le importaba hacer demostraciones afectivas en público se
sintió igual.
-No, la señorita ha ganado justamente – dijo
-Buena suerte – ella alargo la mano para apretarle los dedos
-Gracias – él miro sus manos unidas – puede que ya no la necesite.
Luego cerró la puerta.
Defne tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para recuperar la
concentración, no era el momento de pensar en guapos desconocidos con
labios sensuales.
Se miró en el espejo retrovisor y vio que estaba despeinada y se la había
borrado el lápiz labial, no pudo evitar sonreír al pensar que había valido la
pena.
Sacó su bolsa de maquillaje y aprovechó el trayecto para retocarse, una
segunda capa de máscara contribuyó a disimular el cansancio de sus ojos,
había dormido mal por los nervios.
Aquél era un gran día iba a saber quiénes se interponían entre ella y el
lugar que le correspondía por derecho propio en la industria de la cocina.
Suerte, justo lo que no había tenido Omer desde hace dos años y en aquel
momento llegaba tarde a la mejor oportunidad de su vida, por una mala
jugada del azar.
Aun así, viendo en taxi alejarse, no consiguió arrepentirse, la mujer que
viajaba en él, era espectacular tenía una nariz pequeña y unos labios
sensuales, sus ojos verdes de cerca tenían pequeño reflejo dorado.
En cuanto sus manos se habían tocado, había sentido una descarga
eléctrica y por primera vez en mucho tiempo se había sentido atraído por
una mujer con tanta fuerza que por un instante se había quedado sin
respiración y la sensación era maravillosa llevaba muerto demasiado
tiempo, por aquel beso sentía el calor de la sangre correrle por las venas.
Puso los brazos en jarras y sacudió la cabeza perplejo, el azar caprichoso
siempre eligió aquel momento para hacer una de sus apariciones, la lluvia
que los había respetado durante el juego de piedra papel y tijera empezó a
caer como si fuera el chorro de una manguera, aun así él sólo pudo
sonreír, quizás no le iría mal una ducha de agua fría.
Para cuando Defne llegó a su destino, había conseguido apartar el
recuerdo del sexy desconocido, pero no dominar sus nervios, en el
mostrador del vestíbulo se registró se puso el broche con el nombre de
Defo, simplemente Defo, no quería ocupar su nombre real para que nadie
supiera que ella era hija de la gran y reconocida dueña de restaurante.
Defne entró en la competencia sin que nadie supiera quién era ella, había
podido contar con anonimato, porque el programa era grabado, si llegaba
a la última ronda tendría que revelar su identidad, entre tanto debía
preparar la mejor y más creativa comida de toda su vida.
Miró a los seis hombres y cuatro mujeres que ocupaban la sala con ella,
había once, así que faltaba uno.
Estaba al lado de la puerta mirando sus correos en el teléfono, cuando oyó
que se abría, el concursante número doce habia llegado.Ella se volvió y se encontró cara a cara con Papel -musitó sorprendida.
Los ojos negros que la observaban, se abrieron desconcertados, antes de
que la boca se curvara en una sonrisa
-Mi nombre es Omer, Omer Iplikci., ¿has disfrutado el trayecto?
-Sí gracias, tuviste que esperar mucho, otro taxi.
-Camine tres manzanas antes de conseguir uno -una gota de agua le bajó
por la sien
Ella reprimió el impulso de secárselo con la mano y le dio un paquete de
pañuelos de papel.
-Gracias
-Es lo mínimo que puedo hacer, de haber sabido que veníamos al mismo
sitio podríamos haber compartido el taxi.
Él saco dos pañuelos se secó y le devolvió el paquete
-Así que eres chef -comentó.
-Sí, – y aunque estaba segura de saber la respuesta pregunto – ¿y tú?
-Uno de los mejores -la sonrisa con la que acompaño su fanfarronería, fue
tan encantadora, que evito que sonara arrogante.
-Seguro que todo lo que están en esta habitación pondría podrían decir lo
mismo -respondió ella cortante.
-Supongo que esto significa que somos adversarios -dijo el tirando el
pañuelo en una papelera.
-Eso parece -respondió ella.
Él deslizó la mirada sus labios y tras una pausa comentó
-Que lástima.
CONTINUAR

