CAPRICHO DEL DESTINO. Capitulo 6

CAPITULO 6

-Defne – de nuevo pronunció el nombre en sus labios sin desear otra cosa que llevarla al piso de arriba para saciar su sed. Pero en cuanto lo pensó fue consciente de la realidad de sus sentimientos. Sus miradas se encontraron, y en la de ella vio como en un espejo su deseo.

-Creo que puedo leer tus pensamientos. – le dijo ella con una sonrisa en los labios

Él se inclinó y la besó en el cuello, arrancando una risa tonta de la garganta de ella.

-No deberíamos -dijo ella levantando la barbilla para darle mejor acceso y que siguiera besándola por la garganta y subiera hacia la boca. – pero podría ser…

Antes de que comenzara a mostrar arrepentimiento, Omer se inclinó, y la levantó en sus brazos. La miró. El deseo seguía corriendo por sus venas, pero por primera vez en su vida, Omer quería algo más que saciar su apetito físico, quería saciar el vacío emocionalmente que sentía desde hace mucho tiempo.

-¿Qué pasa? – preguntó Defne cuando él se detuvo con ella aun en brazos, a pocos pasos de su habitación.

-Quiero más. – las palabras lo sorprendieron, a él, un hombre que había madurado más, en las últimas tres semanas, que en todos los años anteriores.

-¿Más? – preguntó ella con un gesto de confusión.

-Quiero… – respiró hondo.

Él siempre había vivido media vida, nunca se había comprometido con nada que complicara su existencia ¿Y adónde le había llevado eso? Estaba solo, vacío y… Perdido. Hasta que conoció a Defne, y se dio cuenta de lo que había estado buscando todo lo que ella era.

-¿Quieres qué? – repitió ella, acariciándolo en la mejilla con suavidad, y calidez, llena de una clase de preocupación que no había sentido nunca antes.

Apenas podía respirar distraída por la reacción que su cuerpo le estaba provocando.

-¿Me estas escuchando? – le pregunta él. Y sin previa advertencia Defne reclamó sus labios.

De alguna manera, Omer logró llevarla a la habitación, la deposito en el suelo, para luego envolverla en sus brazos y la estrecharla contra él.

Cuando la boca de Omer rozó la base de su cuello, ella aún se cuestionaba si tendría el valor para seguir adelante con aquello.

-Veo salir humo de tus orejas, – le dice él – deja de pensar tanto y disfruta.

Era justo lo que tenía hacer, se dijo, respiró hondo, y se entregó.

-Tienes unos labios irresistibles. – Sentía que, si no la besaba en ese instante se moriría.

Embobada, ella lo vio bajar la cabeza. Cerró los ojos, mientras sentía sus labios rozaban los suyos con tanta sensualidad que temía perder las fuerzas en sus piernas, y caer al piso. Apoyó las manos en su pecho en busca de equilibrio, y al mismo tiempo dejó escapar un gemido al sentirlo que degustaba cada centímetro de sus labios, el beso la elevó a las nubes, y para su fortuna se hizo interminable

-Quítate esto. – murmuro él soltándole el cabello que cayó como una cortina sobre su espalda. – Me encanta tu pelo.

Hundió las manos en su pelo, para sujetarla por la cabeza y volver a tomar su boca con la clara intención de hacer realidad ese sueño. Enseguida ella comenzó a jadear y responder con ardor a sus besos.

Después de que su lengua recorriera el labio inferior, y se introdujera en su boca buscó la suya con el propósito de unirla a la suya en un baile erótico. La sensación del beso le calentó la sangre en las venas. Echó la cabeza hacia atrás para que él deslizara sus labios por su cuello. Ella deseaba todo lo que él le ofrecía, y más. Trató de contener un estremecimiento, mientras él seguía besándola por la clavícula hasta el cuello.

Cerró los ojos, y sintió que le ardían las mejillas. Omer le mordisqueo el hombro. A continuación, él deslizó los dedos bajo el tirante del vestido, y se los deslizó por los hombros, y luego los brazos. Ella se apegó a la pared, mientras sus labios viajaban al otro hombro para hacer lo mismo. Abrió los ojos al sentir que la tela caía por la curva de sus pechos dejando al descubierto el sujetador de encaje que llevaba debajo, al escuchar que él maldecía entre dientes, cohibida se cubrió con los brazos.

-Eres tan hermosa, que me vas a volver loco. Me tienes cautivado.

Dicho aquello, inclino la cabeza y tomo su boca con ferocidad, mientras con sus manos cubría sus pechos.

-Preciosa – susurró

Luego acaricio los pezones con los pulgares, y al instante se endurecieron bajo el encaje del sujetador, cerró con fuerza los ojos, incapaz de mantenerlos abiertos, quería seguir deleitándose de aquella sensación tan erótica…

Enseguida bajó cabeza, y pasó su lengua húmeda sobre una de los pezones, por encima de la tela del brasier, mientras seguía acariciando el otro con la mano. Una oleada de placer se recorrió todo su cuerpo, los movimientos de su lengua, le provocaban una sensación tan placentera que se olvidó de todo, excepto de lo bien la hacía sentir.

Entonces él cerró los labios sobre un pezón, y lo apretó entre los dientes hasta que comenzó a sentir un dolor que nunca antes había conocido … dolor. y placer al unísono, aquella sensación la hizo suspirar.

-Omer. – gimió desesperada.

No sabía muy bien que es lo que estaba pasando, ni que hacer ente aquel placer extremo que le estaba proporcionando.

-¿Bien? – preguntó, mientras tomaba el otro pezón entre sus dientes

-Ummmm…. – fue lo único capaz de decir

Él deslizó las manos por sus caderas, sin dejar de succionar su pezón, y buscó bajo el vestido, para levantarlo, y colocar el muslo entre sus piernas desnudas. Ella jadeó al sentirlo junto a la humedad de su entrepierna, sus fuertes muslos eran el antídoto perfecto para la ardiente sensación que estaba creciendo en ella.

-Cariño, vas a acabar conmigo. – murmura Omer apartando la cara de sus senos para mirarla.

El hecho de que estuviera tan excitado como ella, provocó que cada una de sus terminaciones nerviosas se estremeciera. Se sentía tan segura, lo miró a los ojos para que supiera lo mucho que lo deseaba. Omer apartó la pierna, y la atrajo hacia si, se inclinó ligeramente para acariciar la parte trasera de sus muslos. Ella contuvo la respiración al notar que la tomaba del trasero. Se arqueó contra él hasta que sintió su dura erección, se le secó la boca, era imponente, impresionante y amedrentadora.

Olvidando su aprensión, contuvo la respiración, mientras él acariciaba el borde de la braga hasta la curva de su trasero.

-Una tanga. – susurro junto a su oído. – Me encanta.

Ella se sonrojo, y sintió como le apartaba ligeramente la prenda intima, deslizando los dedos por delante hasta alcanzar la cálida humedad de su entrepierna.

-Dime que quieres. Qué te parece esto. – le dijo deslizando los dedos por debajo de la tela de la prenda intima. Lo que le estaba haciendo con el pulgar con su clítoris, la hizo quedar en blanco, cerró los ojos, y se dejó llevar.

-Oh, Dios. – gemía ella.

-Dime que quieres. – respondía él.

El roce de sus dedos en sus delicados pliegues, le provocó las sensaciones más placenteras que jamás había experimentado en su vida. Sus gemidos retumbaron en toda la habitación

-Adelante déjate llevar. – susurró junto a sus labios.

-Yo no …Oh

Entonces él volvió a estimularla con el pulgar, llevándola al límite, y lo siguiente que sintió fue que, una oleada de placer la sacudió. Se llevó el puño de la mano a la boca. temiendo dejar escapar un grito, mientras Omer seguía apretando el clítoris con los dedos, para largar su orgasmo.

Lentamente volvió a la realidad, y vio como su esposo la observaba. A continuación, le desabrochó el sujetador con mucha facilidad, dejándolo caer al suelo. Sintió el aire fresco en la piel, mientras el vestido caía por sus caderas hasta el suelo quedándose vestida solo con las bragas.

-Eres preciosa. -dijo él, llevándole la mano al primer botón de su camisa.

La idea de descubrir toda aquella piel bronceada, hizo que le temblaran los dedos al intentar desabrochar el botón.

– Tranquila. – le dice Omer y se lleva su mano a la boca para besarla. -No tenemos ninguna prisa

Poco a poco fue desabrochándole los botones, descubriendo su torso bronceado, y musculoso, le quito la camisa por los hombros, al contemplarlo se le seco la boca.

Animada por el deseo, deslizó sus manos suavemente por sus pezones, hasta los fuertes músculos de sus abdominales, todo él irradiaba masculinidad, lo que la intimidaba, y entusiasmaba al mismo tiempo. Bajó las manos hasta el cinturón, y con dedos temblorosos, tiró de la correa, lo siguiente fue la cremallera, la bajo lentamente, rozando su erección en el proceso, Omer soltó un gemido.

– ¿Quieres que me detenga? – preguntó mirándolo a los ojos

-Creo que es lo último que deberías hacer ahora.

Defne dejó que su instinto la guiara, metió las manos por la cintura de sus pantalones, y se los bajó hasta el suelo, Omer los hizo a un lado, y se quedó con un par de bóxer negros que poco servían para disimular su erección. Luego la tomó en brazos, y la llevó hasta la cama dejándola sobre ella.  

-Omer… – esta vez quería más, deseaba sentirlo dentro de ella, él parecía sentir el mismo deseo, puesto que se incorporó con agilidad, se quitó el bóxer, deslizó las manos bajo las caderas de ella elevándolas.

 Defne jadeó al sentir que la penetraba unos centímetros.

-Omer, espera…

 -Tranquila – dijo él poniéndoles un dedo en sus labios.

Ella cerró los ojos, y trató de relajarse, poco a poco su cuerpo fue relajándose, dándose de si, para recibirlo, hasta que la incomodidad se convirtió en algo diferente.

-¿Estás bien?

Ella asintió con un movimiento de cabeza, y abrió los ojos.

-Más…

Manteniendo un férreo control, Omer volvió a hundirse en ella unos centímetros más, y una sensación de puro placer la invadió, arqueo las caderas a modo de invitación

-Estoy bien

-¿Estás segura?

-Si. Por favor sigue. – le rogó.

Su embestida al penetrarla completamente le quitó la respiración, y clavó las uñas en las sábanas. Omer la tomó con fuerza por las caderas, salió lentamente, y volvió a hundirse en ella.

-Dios Defne, eres maravillosa

Poco a poco, su esposo, fue alimentando el fuego con cada una de las rítmicas embestidas

-Abrásame con las piernas. – le ordena Omer.

Ella obedeció, y lo sintió aún más adentro, entonces perdió el control, solo sentía sus acometidas. Cada vez que se hundía en ella, sus miradas se encontraban, sin dejar de observarla, la llevó al límite.

-Defne, no puedo seguir aguantando más. – dijo con unas gotas de sudor en la frente.

Ella apretó las piernas alrededor de sus caderas, clavando los ojos en él

-Ahora Omer

Él volvió a hundirse en ella más rápido, y con más fuerza, hasta que con un estallido de placer la hizo contraer el cuerpo alrededor de él, provocándole una espiral de sensaciones sin fin, él jadeo al sentirse aprisionado y se dejó ir. Cuando llegaron a lo más alto del placer ambos se quedaron sin fuerzas, y ella se quedó acostada debajo de él, con las piernas entrelazadas con las suyas

Omer sintió que el corazón le iba a explotar, y en ese momento lo supo. La amaba. Tan loco como parecía, tan rápido, Omer se había enamorado de Defne. Pero si era listo, y hacía, por una vez en su vida, lo que era mejor para ella, y no lo que él quería, era mejor que se guardara esos sentimientos.

Defne despertó a la mañana siguiente enredada en las sábanas. Recordó los gemidos, los suspiros entrecortados, y las caricias que la dejaron rendida de deseo. Había sido una noche inolvidable. Omer estaba de espaldas, al mirarlo así desnudo, avivo su deseo, pero temió despertarlo.

Tapándose con las sábanas suspiró, Omer había sido maravilloso, había hecho realidad cada una de sus fantasías. La había llevado a las cimas más alta del placer y la había hecho ver estrellas como fuegos artificiales. Había logrado que la tierra temblara bajo ellos muchas veces. Sintió deseos de reír de felicidad, no podía haber pedido un amante más cálido y generoso.

-Buenos días, – escucha decir

Abrió los ojos y se encontró con los de su esposo.

-Buenos días – le responde.

– Me hiciste inmensamente feliz – fue lo siguiente que escuchó de Omer

Ella lo mira con cara de interrogación.

-Es por lo que me dijiste anoche, si es por satisfacerme, lo hiciste maravillosamente, solo espero haber estado a tu altura.

-Créeme cuando te digo que sí. –  le responde mirándolo a los ojos. – Ahora ¿me quieres contar como es posible que una mujer como tú teniendo novio se haya mantenido virgen?

-No vayas a pensar que estaba esperando a mi príncipe azul o la estaba reservando para el indicado.

-¿Entonces?…

-Nada especial es solo que, con él, mi ex novio, nunca sentí el deseo de tener sexo, y él fue el único hombre con quien mantuve una relación seria, además… – y se quedó en silencio sin terminar la frase.

-¿Además? – la instó él a seguir hablando.

-Cuando me di cuenta que él me era infiel con cuanta mujer podía, me dejó muy claro que la razón por la que lo hacía era porque yo era prácticamente una mujer frígida.

Omer largo una carcajada tan grande que se escuchó hasta el último rincón de la casa

-¿Tú?, ¿una mujer frígida? – le dijo por fin al contralar la risa. – Él es el idiota que no supo ver que la sensualidad brotaba por cada uno de tus poros. Eres increíble Defne, eres sexi, eres hermosa, eres única, que nunca se te olvide -le dice dándole un largo, y sensual beso en los labios para demostrarle que lo que decía él era la verdad. Ese beso llevó a otro, y volvieron a entregarse al placer de recorrer sus cuerpos dándose placer mutuamente.

Iso tenía razón, ese día se sintió más aliviada, incluso podría decir que, hasta feliz, sentirse deseada por Omer le daba otro color a su vida.

El lunes siguiente cada uno volvió a la rutina de su trabajo.

Omer comenzó a buscar un edificio donde instalar su empresa, y Defne continuó con su empresa. Descubrió que ser la esposa de un multimillonario, como lo era Omer. era un punto a favor de su empresa. En un mes, se habían triplicado las solicitudes, y la gran mayoría era para grandes empresas, lo que implicaba muchas más ganancias. Ella debía reconocer que Omer le hacía muy bien a su vida, y también tendría que en algún momento, reconocer lo que de verdad sentía por él.

Como cada noche ambos acostumbraban cenar en casa, y luego del postre, hacer el amor. La cama, no era el único lugar donde se entregaban al placer, se podía decir que no había lugar de la casa que no había sido usado para ese propósito.

-Para cada hombre hay una mujer, – la voz de su madre volvió a la mente de Omer una mañana mientras preparaba el desayuno, – él la conocerá porque ella llegará a su corazón como ninguna otra. Cada hombre debe esperar con paciencia hasta que llegue la mujer de su corazón.

-Madre – le responde en voz alta en el silencio de la cocina. – la encontré. ¿Te acuerdas de lo que me decías cuando pequeño? Encontré la mujer de mi corazón.

-¿Qué dices? – escucha a Defne decir detrás de él.

-Ven acá – le dice y a la abraza – te he dicho que soy inmensamente feliz contigo.

-Omer. ¿Pasa algo?

-No. Por lo menos nada malo, es solo que me acordé de mi madre

-Entiendo. – le responde ella, pasando sus brazos por su cintura para abrazarlo fuerte.

-¿Defne?

-Mmmm- responde ella cómoda entre sus brazos.

-Aun piensas que entre nosotros no hay un siempre felices.

-Ayer fui feliz contigo, hoy también lo soy. ¿Podemos concentrarnos en un día a la vez? Tal vez llegue el día en que seas tú quien no quiera un felices para siempre, y no quiero que te sientas obligado a quedarte conmigo, ¿me entiendes?

-No, no puedo entenderte, y la verdad, no me gusta escucharte hablar así. Pero con que seas feliz a mi lado, por ahora me conformo

-Y lo soy – dice ella levantándose en puntillas para darle un beso en los labios.

-Si no tienes mucho trabajo hoy, podrías ayudarme a decorar mi oficina.

-¿De verdad? Me encantaría. – le responde. -Voy a llamar para avisar que hoy no iré a trabajar, y nos vamos juntos.

-Que bien, todo el día con mi esposa en la oficina, tendré que avisarles a mis admiradoras que no se acerquen hoy.

Defne le responde con un golpe en el estómago, lo que le provoca solo una carcajada a Omer.

-Adelante -dice Omer, desde su escritorio unas horas más tardes aquel día.

Defne tenía una expresión extraña en su cara cuando entro a la oficina

-Alguien te viene a ver – dijo ella, su boca hizo una mueca y arrugo su nariz de forma encantadora. – Será mejor que te advierta, es tu ex novia, Iz algo…

Omer lanzó un gemido, y se le hizo un nudo en el estómago al pensar volver a verla. Creía que las cosas habían quedado claras entre ellos, volver a recordar lo que vivió con ella no le agradaba nada

-Por favor. – le dice Defne deja de comportarte así

-¿Como así?

-Como si fueras un mendigo, y ella una gran dama. Aun no me cuentas lo que pasó entre ustedes, pero asumo que eso aun te afecta. Quita esa expresión de tu rostro, y recíbela como si ella no te importara – le ordena y se da media vuelta para salir de la oficina.

Unos minutos después, Iz hizo ingreso a la oficina, seguida por Defne. Saludó a Omer con un beso en el rostro, y luego se sentó con las piernas cruzadas, sintiéndose ya la dueña del lugar.

-El tema que voy a tratar con Omer es de índole personal -dice mirándola. – Me deja con él a solas.

Antes de que Omer contestara el atrevimiento de esa mujer, Defne se acerca a él, y lo toma de la mano.

-Los temas personales de mi esposo son los míos. – responde. – ¿cierto cielo?

-¿Qué… ¿Qué? – tartamudeo la mujer con el rostro blanco como un papel.

-Lo que te dice mi esposa es verdad. No hay nada que tengas para decirme que ella no lo pueda escuchar.

-Pero… ¿cómo que te casaste en tan poco tiempo?

-Es verdad. – respondió Omer. – Que misterioso, y sorprendente es el amor.

-Omer yo creí que lo nuestro…que tú… que nosotros.

-Iz no existe el nosotros, y tú mejor que nadie sabe la razón. – responde él, seco.

Defne miraba la escena con mucho cuidado, pero más que mirar la reacción de la mujer, era la de Omer la que le llamaba la atención, la forma en que él miraba a su ex novia, ese brillo en los ojos. No lograba identificar el sentimiento exacto, pero lo que, si estaba claro, era que Iz no le era indiferente, aun así, ella se acercó más a él, y lo abrazó. Omer tomó su barbilla, y depositó un beso en sus labios.

Aquel simple gesto sirvió para que Defne supiera que su mayor temor se había hecho realidad, Omer seguía amando a su ex novia, por eso no podía hablar de lo que ella le había hecho.

La mujer se puso de pie y dejó histérica la oficina.

-¿Me llamaste cielo? – le pregunta él.

-Ya lo sé, pero fue solo para la actuación – le dice ella muy seria.

Defne ¿pasa algo?

-Nada. Pero necesito volver a trabajar.

-¿Creí que habías pedido el día para estar aquí conmigo?

-Si así era. Pero olvidé que tengo algo importante que hacer. Nos vemos en la casa en la noche. – le dice, y sale apresuradamente.

No quería que él notara los ojos brillantes, llenos las lágrimas, que amenazan con salir.

CONTINUARÁ

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