DEFOCIENTA. Capitulo 9

Mientras iban en el taxi hacia el hotel, Defne pensaba en lo mucho que había cambiado su vida en tan solo unas semanas. Conoció de manera casi trágica a Omer. Se desligó de su madrastra, y de su hermanastro. Y finalmente, Serdar recibiría el castigo que se merecía, 15 años de cárcel, y su madrastra una fuerte multa, por ser testigo del maltrato, y no hacer nada para impedirlo. Sonrió al pensar en lo más importante de todo, había encontrado un hogar al lado de un hombre que la amaba, y al que ella correspondía. ¿Qué más le podía pedirle a la vida?

-Estás muy callada. -dijo Omer sacándola de su ensimismamiento.

-Esta ciudad es impresionante. -respondió ella.

-Sí, y hay muchas cosas que se pueden hacer en una ciudad grande, sobre todo por la noche.

-El Paris Gare de Lyon. -dijo el taxista después de detener el auto.

Defne aspiró profundamente, y luego exhaló lentamente.

-Hemos llegado. – le dice Omer

Cuando fue a abrir la puerta, Omer la detuvo, y le preguntó:

-¿Estás nerviosa?

-No. ¿Por qué? –  le preguntó sonriendo.

-No tenemos que… Podemos estar en habitaciones separadas, si quieres.

Fue lo más dulce que le había dicho un hombre en su vida, y eso la ayudó a calmarse.

-¿Te estás enfriando?

-No se me ha enfriado nada desde que te conozco. Pero no quiero que te sientas presionada. – respondió.

Ella le dio un suave beso en los labios, y sonriendo contesto:

-No me siento presionada.

Ella no había mentido cuando le había dicho que había estado una, o dos veces en un hotel, pero ninguno era comparable al Paris Gare de Lyon.

Después de registrarse, Omer pidió al empleado del hotel que llevara el equipaje arriba, y ellos dieron una vuelta por la planta baja.

Él había estado una vez allí, así que pudo enseñarle el hotel. Cuando se dirigían al ascensor, ella se detuvo.

-Es hermoso. – comentó. – Todo el hotel es precioso. Omer, no esperaba… algo así.

-No escatimo esfuerzos cuando quiero impresionar a mi novia. – respondió él. – Este lugar es un símbolo del Art Decó.

-No sé lo que es. – le dice ella. – Pero, gracias, jamás olvidaré esto, nada de esto.

-Entonces, haré lo posible para que todo sea inolvidable.

El ascensor los llevó a una habitación, donde la chimenea estaba encendida, y había una botella de champagne en una enfriadera de plata.

Nadie la había tratado de aquel modo, con tanto lujo. Nunca le había importado tanto a nadie como para que se molestase de aquel modo. Sintió ganas de llorar, era ridículo, querer llorar cuando alguien quería hacerla feliz.

-Tiene una vista hermosa. – le dijo Omer al ver que permanecía inmóvil.

Ella se acercó a la ventana por la que él estaba mirando, él tiró de ella, y la estrechó en sus brazos.

-No sé por qué, ni de qué modo, pero creo que te he puesto triste.

-No, triste no, estoy abrumada. Me haces sentir especial, y jamás me he sentido así.

Defne se puso de puntillas, y empezó a besarlo, pero él se apartó.

-Quiero que quede clara una cosa, no quiero gratitud. No se trata de eso esta relación. Te trato de modo especial porque lo eres.

-¿Por qué soy especial…? – susurró Defne. – Quiero que me lo demuestres.

Él la besó, lenta pero profundamente, y cuando terminó el beso, ella repitió:

-Demuéstrame lo especial que soy…ahora.

-¿Ahora?

-Ahora.

Omer había planeado una tarde viendo la ciudad, y una cena temprana en un restaurante francés, antes de ir a ver una obra de teatro. Había pensado seducirla con una cena a la luz de las velas, música suave, vino, y una docena de rosas rojas que había encargado que enviaran más tarde, no había contado con que lo sedujeran.

Pero Defne lo sedujo.

Él nunca había imaginado que tener agallas fuera algo sexy, pero si se lo unía a las largas piernas de Defne, y a sus labios sensuales, era posible.

La besó apasionadamente, con desesperación.

-¿Quieres que te lo demuestre ahora mismo? – preguntó nuevamente.

-Ahora mismo. Paris puede esperar, esto no.

 Ella tenía razón, pero no iba a dejar que hiciera todo el trabajo. Cuando levantó las manos hacia su blusa, le pidió:

-Déjame que te desvista yo… – y le apartó las manos.

Debajo de la blusa, llevaba un sujetador de seda rojo con tirantes de encaje. Puso la mano en la cintura del pantalón de Defne para saber si lo que llevaba debajo hacía juego con el sujetador, pero entonces se le ocurrió una cosa:

-Quédate aquí un momento.

-¿Te vas a ir? ¿Ahora? – preguntó ella, sin poder creerlo.

-No, no me voy a ninguna parte. – sonrió pícaramente. – Pero mientras tanto, no quiero que haya interrupciones.

Tomó el cartel de “NO MOLESTAR” y lo colgó en la puerta por fuera.  Sinan estaban muy lejos, pero no quería que alguien del servicio de habitaciones fuera inoportuno como él.

-Es una buena idea. – dijo ella.

-Y ahora, ¿por dónde íbamos? – le preguntó él cuando estuvo de nuevo a su lado.

-Creo… Que por aquí… – contestó Defne, y se desabrochó los pantalones.

Con un movimiento sensual, los pantalones cayeron al suelo.

Sorprendido, él la miró y se sonrió. Cuando la conoció, por su manera de vestir, se la imaginó más bien fría, pero la mujer que tenía en frente, le gustaba aún más, desinhibida, sin tapujos.

-Eres tan bella mi amor. –  murmuró, y se inclinó para darles besos suaves en el hombro, en la curva del cuello. Tenía la piel delicada como el terciopelo, sabia a miel, y a sensualidad pura. Él anhelaba explorar aquella sensualidad. Emitió un gemido, mientras seguía con los labios el contorno delicado de su oreja, notó su temblor y la oyó jadear cuando mordió el lóbulo suavemente, y al mismo tiempo le rodeó la cintura con los brazos para acercarla a su cuerpo.

 Él la besó en la boca, y ella separó sus labios para que se convirtiera en algo más profundo. Necesitaba estar tan cerca de él como fuera posible. Sentía sus manos a través de la tela, recorriendo su espalda, pero él no intentó desnudarla. Estaba despertando el deseo latente en cada poro de su piel, ella sentía que todo su cuerpo se rendía irremisiblemente a este deseo.

Defne se retorcía entre sus brazos, anhelante, todas sus emociones se agolparon a flor de piel, el roce de sus labios contra su piel desnuda era una sensación nueva y extremadamente erótica, Omer también podía sentirlo.

 Se apartó un momento de ella. Defne estaba temblando, pero no estaba nerviosa, casi podía sentir la electricidad circulando entre sus cuerpos.

-Llévame a la cama. – le ordenó.

Y él no puso ninguna objeción, la levantó en brazos y la llevó hasta la cama, y ahí la deposito

-Esto tiene que ir fuera. – dijo, y con una suavidad exquisita de quitó la blusa y la arrojó a un lado revelando su sujetador. – Me gusta mucho. – murmuró antes de tocarle la piel desnuda con la punta de la lengua. – Sabía que eras una mujer apasionada.

-La compre para ti.

Fue lo último que dijo, porque los dos se lanzaron a una frenética exploración de sus cuerpos.

Defne necesitaba desesperadamente sentirlo, complacerlo. Le tomó la erección, a través de su pantalón, él ahogó un gemido, e inmediatamente, se quitó el pantalón, para luego volver a acariciarla a medida que la terminaba de desnudar, mientras ella le acaricia el miembro ya erecto, excitándolo más.

Lo estaba volviendo loco, ella lo sabía, y lo hacía sentir más vivo de lo que jamás se había sentido. El recorrido de su mano por el cuerpo de ella llegó al elástico de las bragas.

-Te necesito. – le dijo con todo el cuerpo en tensión ardiente.

Omer se levantó para terminar de desnudarse a una velocidad enloquecedoramente lenta.

La excitación de Defne aumentaba con cada centímetro de piel que iba quedando a la vista, hasta que finalmente lo contempló, en toda su gloria y esplendor viril. El corazón amenazaba con salírsele del pecho. No sólo por la visión de su físico espectacular, sino porque Omer era el único hombre al que ella había deseado.

Sin apartar la mirada de ella, se sentó en la cama y le subió la mano por el muslo en busca del calor más íntimo de toda mujer. Los ojos de ella ardiente pasión, y su rostro era una viva expresión de honestidad y entrega.

Nunca había creído que los ojos eran la ventana del alma, hasta que conoció a Defne. Con mucho cuidado, introdujo un dedo en la entrada de mujer, la encontró cálida, y empapada. Ella se retorcía de placer instándolo a continuar. Era una mujer única, embriagadora, y Omer no podía, ni quería resistirse a sus encantos. Quería verla arder de pasión, mientras la colmaba se recostó de espalda en la cama, y tiró de ella para colocársela encima de él, a horcajadas. Muy lentamente, comenzó introducirse en su cuerpo, con lentitud al principio, después fue incrementando el ritmo murmurando palabras en italiano.

Se detuvo cuando sintió que había llegado a la barrera que demostraba su virginidad. Cuando la forzó, la sintió estremecer, y se detuvo.

-¿Te duele? – le preguntó.

-Solo un poco. – respondió, aunque las lágrimas que resbalaban por sus mejillas, decían otra cosa.

-Si, no te sientes…

-Por favor. No te detengas. – le ruega ella.

Omer volvió a moverse en su interior, buscando la mejor manera de no causarle dolor, hasta que finalmente la escucha suspirar, con aquel suspiró, se sintió más confiado, y comenzó a moverse de manera más segura, y continua.

Cuando lo sintió las embestidas de Omer, pensó que el placer que sentía, salía de lo más profundo de su ser, y se aferró ciegamente a los hombros de él, mientras llegaba a lo más alto del placer

-Por favor. – la súplica brotó de su garganta en un grito de deseo, y agonía. Omer respondió, y la penetró hasta el fondo, ella empezó a frotarse, y pronto se movieron al mismo ritmo.

 La tensión de los cuerpos temblorosos, y sudorosos aumentaba a cada embestida de Omer. Nunca había experimentado una conexión semejante con una mujer, hasta la última fibra nerviosa de su cuerpo necesitaba complacer a Defne.

-Déjate llevar. – le dijo, y deslizó la mano entre su cuerpo.

 Ella echó la cabeza hacia atrás, sacudiendo la melena. Sus miradas se encontraron, y Omer supo el momento en el que ella alcanzaba su primer orgasmo. En ese momento su control se hizo añicos, y apenas tuvo tiempo para empujar una última vez para vaciarse por completo dentro de ella.

Durante un instante, permaneció inmóvil con Defne encima, aturdida. Emocionado por lo que acababa de trascender entre ellos, Omer acarició le espalda, y le besó el cuello.

Se pasaron la mayor parte de la tarde en la cama, y a Defne le pareció bien, podría haberse quedado ahí con él hasta el día siguiente, en que abandonarían el hotel.

-Por lo menos, tenemos que comer. – dijo Omer, saliendo de la cama. –  Tienes que recuperar la energía para más tarde.

Defne se río, pero no se movió, se quedó en la cama oyendo todos los ruidos que hacía Omer, mientras levantaba su ropa desparramada por la suite.

Tenía que recuperarse, estaba agotada. Tal como lo había pensado, Omer era un maravilloso amante. Se sintió totalmente complacida, y satisfecha, tanto que se durmió sin darse cuenta

Despertó al sentir que alguien le daba pequeños besos en el cuello. Sin necesidad de abrir los ojos, le ofreció no solo su cuello, si no todo su cuerpo, en el siguiente momento estaban nuevamente haciendo el amor.

Comieron tarde en un restaurant cerca del hotel. Hablaron mucho durante toda la comida, mejor dicho, habló Omer, ella fascinada, lo escuchó contarle cosas

sobre Paris. Al parecer, además de identificar a todos los pájaros, conocía en detalle la historia de la ciudad.

-Me has contado que has estado antes en Paris, pero, ¿cómo sabes tantos detalles? – Defne agitó la cabeza, maravillada. -Eres increíble.

Para sorpresa de ella, Omer se rio, y sacó un pequeño libro del bolsillo de su chaqueta.

-Es una guía… -murmuró, ella se hecho a reír.

-Y yo que pensaba que mi novio era un genio.

-¿Quieres decir que no soy listo? – bromeó él.

-Oh, sí eres listo…

-Mejor, no sigas… -dijo él, fingiendo estar decepcionado.

-Si queremos ir al teatro, será mejor que empecemos a movernos. – dijo ella.

-Mejor vamos mañana, no creo que pueda estar contigo un par de horas en la oscuridad sin desnudarte, y creo que eso no está permitido en los teatros.

-¿Mañana? Creí que volvíamos a Estambul.

-Otro cambio de planes. ¿Si no te importa? – la miró a los ojos. – Quiero tener un día más contigo aquí. Otra noche.

-No, no me importa. – le respondió ella.

CONTINUARÁ

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