Defne se quedó en la oficina con Omer el resto de la mañana, pero ya
estaba aburrida y cansada y al parecer se notaba en su rostro.
_ ¿Qué quiere hacer en la tarde mi hermosa novia? _ le dice Omer
Me gustaría ir de compras, tengo dinero suficiente y quiero hacer lo que siempre soñé, entrar a una tienda y comprar lo que se antoje .
_Vaya, vaya, entonces si vas a cumplir uno de tus sueños, te voy a acompañar.
_Pero y ¿no tienes que trabajar? _Ya te lo dije es la … _Ventaja de ser el dueño de la empresa termina ella la frase.
_ ¿Entonces me dejas que te acompañe?
Yo feliz, pero no quiero ser culpada por que el señor Iplikci abandone sus responsabilidades como director .
_No te preocupes, de lo único que eres culpable es de hacerme el hombre mas feliz de la tierra a continuación le extiende la mano para sea ella
quien por gusto la tome y así lo hizo, entrelazo sus dedos a los de Omer y
salieron de la oficina.
Esa tarde se sintió como una película, cuando el protagonista millonario
lleva a su novia a comprar ropa y ella se prueba todo y se lo muestra para
que le dé su aprobación, la diferencia es que esta vez era ella quien iba a
pagar por todo lo que compro, cuando fue a pagar le sorprendió que le
hicieran un gran descuento, en ese momento no dijo nada, pero ella supo
exactamente lo que estaba pasando.
Quiero que me hagas una promesa le dice a Omer una vez que llegaron
al auto.
_ ¿Cual? _ le dice él distraído mientras guardaba las bolsas.
Prométeme que nunca más harás algo a mis espaldas .
¿Como no te entiendo?
No intentes subestimar mi inteligencia, sé perfectamente que pagaste el gran descuento que me hizo la tienda .
_No yo… si lo siento mucho le dice _ no fue mi intención ofenderte, es
solo que todo lo que te probaste te quedaba hermoso y sabia que si te
ofrecía pagarte no me ibas a dejar.
_ ¿Porque crees que no dejo canceles mis cuentas?
La verdad no lo sé, nunca había conocido a una mujer como tú.
_Y ¿cómo eran las mujeres que conociste antes?
_No fueron tantas, pero aceptaban todo lo que les daba .
_Omer, soy una mujer que se acostumbró a trabajar cuando necesitaba o quería algo, esto de ir a la tienda y comprar lo que quisiera era mi sueño y trabaje para cumplirlo, de esa manera valoro más lo que tengo, además… guardo silencio.
Además que, termina por favor _Además no quiero que tu dinero sea un tema entre nosotros, ahora que somos novios nada de eso va a cambiar, yo seguiré trabajando y ganando mi propio dinero, como lo he hecho siempre.
Él solo la quedo mirando y luego le da un beso en los labios.
_No sé que hice para merecer una mujer como tú, eres única Defne Topal .
_No, yo soy la de la suerte, encontrarte fue lo mejor que me pudo pasar en la vida.
_Me imagino que te puedo comprar un helado le dice él
Mmmm, a eso no me puedo negar.
Llegaron a la casa y Defne subió las bolsas a su habitación donde dispuso de todo encima de la cama y comenzó a probárselo todo nuevamente, esta vez sin sentir la mirada de Omer en ella. Tomo uno de los pantalones que había dejado en el brazo del sofá. Estaba intentando abrir la cremallera cuando se abrió la puerta y apareció Omer, ella estaba solo con un polerón y la parte de debajo de su ropa interior .
—Eh, Defne, estaba pensando en ir… —se puso rojo—. ¡Oh, lo siento! — luego a la velocidad de la luz se da vuelta.
—Ya puedes darte la vuelta —le dice ella una vez que se había puesto el pantalón.
Todavía estaba rojo. —Debí llamar, lo siento, no acostumbro a entrar así .
—Entonces, ¿qué te parece mi nueva ropa?
Omer pensó que estaba hermosa, aunque seguramente habría disfrutado más de lo que hubiera visto accidentalmente, si hubiera llegado unos minutos antes. Intentó aclararse la mente y dijo Te queda perfecta
El suéter le iba bien con su cabello rojo y su piel blanca y los pantalones,
se ajustaban de maravilla a su cuerpo eso gracias a los kilos que había
ganado el tiempo que llevaba viviendo con él.
—Gracias… —se puso tímida de pronto—. ¿Qué estabas diciendo cuando
has entrado?
—¡Oh, sí! Había pensado en invitarte a cenar fuera.
—Estoy cansada, si no te molesta prefiero quedarme en casa, bajo y
preparo la cena, luego si quieres podemos ver una película o leer un libro
—Me parece perfecto _ le responde _ pero esta noche cocinare yo.
_ ¿La querías? _ pregunto Defne mientras cenaban
—¿A qué te refieres?
—La amabas, ¿me hablaste de que habías tenido novia antes?
Omer empezó a agitar la cabeza, pero finalmente dijo:
—Sí, la amaba.
—¿Y ella te amaba?
Omer puso expresión de amargura.
—Yo creía que sí, hicimos planes de viajar a Italia juntos, pero al final se
fue sola.
—Lo siento…
—Defne… confiar en alguien, confiar en sus sentimientos, es algo que
había perdido hace mucho tiempo, luego te encontré a ti y cuando te
miro… veo a una mujer única y me siento bendecido de que me hayas
elegido.
Ay Omer cuando dices esas palabras me derrites por dentro.
_Es lo que siento Defne _
Yo no puedo decir palabras tan hermosas como tú lo haces.
_Con que siempre me mires de la manera en la que lo haces en este momento me doy más que satisfecho y le sonrió.
Su sonrisa mientras la miraba produjo un cosquilleo en ella.
Omer tomò un sorbo de vino y la miro directamente a los ojos.
— Eres hermosa.
—No lo soy.
—¿De verdad no me crees?
Se levantò, se acercó a ella y tiró suavemente de su mano para que ella
también se levantara.
—Creo que se te ha subido el vino a la cabeza —le dijo ella, y sonrió para
quitar dramatismo a la situación.
Él no sonrió.
—Necesito besarte, ¿puedo? _ ella asintió.
Él dio un paso al frente, le toma la otra mano, y con ellas rodeó su cuello,
cuando tuvo sus manos libres le tomo el rostro.
—Será mejor que me digas hasta donde puedo llegar.
Ella nunca había sido buena en aquel ritual entre hombre y mujer, pero
decidió probar la seducción.
—Hace calor aquí —dijo.
Se quitó el suéter y se quedó en camisa, no tenía nada de sexy, pero
suponía que el mensaje sería comprendido.
—Sí, mucho calor —respondió él.
Entonces Omer se quitó el suyo y se quedó en camisa.
—¿Qué hay de postre, Omer?
—¿Qué te apetece?
A ella le gustaba que él la dejara decidir hasta donde llegar, de algúna
manera eso le daba mayor seguridad y la hacía sentir valiente. Omer era
el primero hombre con el que se sentía cómoda en todos los sentidos y si
había alguien con quien le gustaría iniciar su vida sexual seria con él.
—Bueno, me gustan tus besos ¿Por qué no empezamos por ahi… y luego
vemos adónde nos lleva?
Ella no esperó a que él diera el primer paso, lo besó, tenía gusto a vino,
ella metió las manos por debajo de su camisa y le acarició la cálida piel.
Omer gimió y comenzó a besarla, para luego viajar hasta el cuello.
—Sí… —murmuró ella.
La respiración de Omer la hizo estremecerse, o tal vez fueran sus manos y
el modo en que le había apartado la camiseta y se había frotado contra su
abdomen desnudo, con una caricia que la había dejado ardiendo. Ahora
no parecía un hombre paciente, y eso le gustó a Defne, le gustaba llevarlo
al borde de la locura porque tenía claro que aquello era una locura.
Omer se preguntaba si estaba loco, no había tenido intención de que se
produjera aquella escena cuando la había invitado a levantarse, podía
admitir que fantaseara con llevarla a la cama, pero había pensado que, en
caso de ocurrir, quería ir despacio.
Pero su cuerpo no pareció obedecer sus planes.
Omer se echó atrás, tratando de mantener el equilibrio, Defne lo miró, él
le acarició aquel cabello que lo había cautivado desde el principio.
—Me gusta.
—¿De verdad?
—De verdad, siempre he tenido debilidad por el color rojo.
La volvió a besar, usó sus manos y su boca para expresar sus
sentimientos, para decirle que era hermosa, deseable, querida…
Defne gimió cuando él le mordió el lóbulo de la oreja. Suspiró cuando él le
acarició la mejilla, se estremeció cuando sus dedos se deslizaron por su
espalda
Nunca había conocido a una mujer tan sensible a sus caricias, era algo que
encendía su imaginación y su propio deseo.
—¿Te gusta esto? —le preguntó, acariciando su torso.
Se detuvo justo debajo de un pecho y esperó, mientras ella tomaba aire y
asentía temblorosamente.
—Quédate en mi habitación esta noche… —le susurró él en el cuello.
Defne no pudo contestar, porque se abrió la puerta y entró Sinan.
—¡¿Hay alguien en casa?! —gritó, yendo hacia la cocina.
Omer quitó la mano de debajo de la camiseta de ella con cara de culpa.
—¡Oh! —fue todo lo que dijo su amigo.
Defne intentó apartarse, pero Omer la detuvo, siguió abrazándola.
—Me parece que interrumpo algo… —dijo.
—Sí, tal vez la próxima vez se te ocurra llamar antes —dijo Omer, irritado.
—¡Omer!, lo siento, estoy aquí, y ya he estropeado el momento. ¿No es
verdad…? —sonrió maliciosamente—. Será mejor que me quede y que les
cuente por qué he venido.
Omer suspiró y rogó tener paciencia.
—¿Podríais damos un minuto al menos, y esperarnos en el salón? — pidió
Omer entre dientes.
Cuando estuvieron solos en la cocina, Omer le dio un beso en la frente a
Defne y suspiró.
—Siento esto…
—Tu amigo es un poco inoportuno…
—¿Te arrepientes? —preguntó él.
—No, ¿y tú?
—No, solo no quiero que te sientas presionada a hacer algo para lo que
aún no estas preparada
_No entiendo lo que estas tratando de decirme, te arrepientes, si o no
CONTINUAR

