CAPRICHO DEL DESTINO. Capitulo 4

De modo que así era como se sentían las princesas…
Su matrimonio se estaba celebrando en el mejor restaurante de Estambul, el
champagne corría por todo el salón, las mesas estaban decoradas con centros
de flores y pequeñas velas teñían de color miel las paredes, ella llevaba un
vestido de satén color marfil, unos preciosos pendientes y su anillo, todo
gracias a la generosidad de quien era ahora su esposo.


Teniendo en cuenta lo que había pasado y lo rápido que había ocurrido todo,
había sido casi un milagro que todos pudieran acudir a la fiesta y cuando
digo todos, es todos, no sabía de donde había salido tanto invitado y en qué
momento ella se había dejado envolver en todo esto, el caso es que ya estaba
casada, sin duda la abuela era la persona más feliz en toda la fiesta.


Defne parpadeó varias veces, como si lo que estaba viviendo fuera un sueño
o tal vez una pesadilla e intentara despertar, ella era la novia de la que todos
los medios de comunicación habían calificado como la boda del año.
Ella, que sólo quería casarse para sacarse a la abuela de encima y los medios
la llamaban “la afortunada que le había robado el corazón al soltero más
codiciado”.


Alto y apuesto, Omer se paseaba por el salón con su elegante esmoquin con
una sorprendente naturalidad, como si lo hubiera llevado toda la vida, ninguna mujer sería capaz de mirarlo a los ojos, aquellos ojos negros como
el hielo, y no quedarse prendada en el acto, Defne no lo entendía, sentía
como si el papel de novio y ahora esposo lo representaba demasiado bien.


Ya se había acostumbrado a verlo diariamente, durante las semanas que
duraron los preparativos de la boda si no estaban juntos durante el día, él la
llamaba en las noches y pasaban horas hablando.
Ella extrañaba verlo, mirar esos ojos negros los que al estar cerca
destellaban un brillo tan intenso que muchas veces ella debía apartar su
vista para no sonrojarse.


—Señora, ¿tiene usted un momento para que le haga algunas preguntas?


Defne suspiró, aquello era lo que menos le atraía de toda esta mentira, pero
como esposa de Omer Iplikci, heredero de la gran fortuna Iplikci, tenía una
responsabilidad frente a los medios de comunicación, la prensa siempre
estaría presente en su vida, tanto en los buenos momentos como en los
malos, sobre todo en los malos, no quería ni pensar en el momento en que se
anunciara su divorcio, tal vez no fue una buena idea todo esto, su pequeña
empresa podía salir dañada, aunque él ahora su esposo, le aseguraba que
serio todo lo contrario.


Antes de conocerse la noticia de que Omer iba a recibir la herencia de su
difunto abuelo, se habían propuesto celebrar una boda íntima, para los
familiares y los allegados más cercanos, sin embargo, su matrimonio había
saltado enseguida a las páginas de todos los periódicos, y lo que al principio
iba a ser un enlace sencillo se había convertido en un espectáculo con más
de doscientas personas invitadas.


El pequeño jardín en el que ella habían pensado realizar la ceremonia, había
tenido que ser sustituido por la catedral, que contaba con sala de prensa.
Al menos, aquel circo se acabaría en un par de horas
—Por supuesto—contestó ella a la periodista. —¿Que siente estar casada con un hombre como Omer Iplikci uno de los
solteros más codiciados de Estambul?, ¿cuál cree usted es su mayor virtud?,
digo la de su marido _ pregunta la periodista con sarcasmo.


—¿Su mayor virtud? _ le responde después de simular pensar la respuesta _
su inteligencia, por algo se casó conmigo, ¿no cree usted?
—Veo que es una mujer muy segura de sí misma, si yo estuviera en su lugar
y viera a mi marido rodeado de mujeres —añadió señalando con la cabeza
en dirección a donde estaba Omer con dos mujeres a su lado y que parecían
disfrutar de tenerlo cerca— correría hacia él _ termino de decir.


«Contrólate», pensó Defne.


—De hecho —continuó la periodista — según he averiguado, todo el mundo
creía que se casaría con su ex prometida, parecían la pareja perfecta, cuando
rompieron, causó un gran escándalo, fue algo completamente imprevisto, un
empresario atractivo de alta cuna y una bella mujer de la alta sociedad, los
dos procedentes de una clase social similar, tan perfectos, tan…


—Tendrá que preguntarle todo eso directamente a mi esposo, le interrumpe bruscamente Defne _gracias por su consejo, pero debo decir que esa mujer representa el pasado, yo soy el futuro yo soy la que lleva su anillo — dijo con una sonrisa dando la entrevista por concluida. Sin embargo, Defne no se sentía tan segura, lo cierto era que su compromiso como su matrimonio no eran sino platónico y tal vez Omer aún seguía amando a su ex prometida .

_Baah ¿qué me podría importar a mí? _se dijo a sí misma, pero también se recordó que no era verdad, que en el fondo si le importaba.

Que manera de aburrirme, pensó Omer, fingir estar entretenido con esas mujeres que poco y nada les importaba que él fuera el novio, todo lo hizo para ver la reacción de Defne, a ella pareció no afectarle en nada. Por momentos sentía que ella se alegraba de verlo, incluso la había visto sonrojada cuando él la miraba intensamente, pero eso duraba solo segundos.

La última semana a propósito dejo pasar los días sin caer en la tentación de verla, talvez de esa manera ella podría extrañarlo, pero nada había sucedido al llegar a casa encontrase solo, mirar los cambios que había logrado ella con la decoración lo obligaba a llamarla y así por lo menos escuchar su voz, las llamadas siempre se les hacían cortas. Ahora, ¿cómo lo iba a hacer?, él no lo sabía, después de la recepción se irían a su casa a dormir bajo el mismo techo, estar juntos día y noche ni siquiera sabía si iba a poder soportar no tocarla o besarla.

_Por fin en casa le dice Defne a Omer una vez que llegaron al lugar donde
vivirían en los próximos meses.


Todo quedo hermoso.

_Gracias, perdón si la decoración no es de tu agrado.

_Yo no he dicho que no me gusta, todo es… como tú y eso me gusta mucho.

Defne sintió de nuevo esa electricidad recorrer su cuerpo, cuando Omer la beso en la ceremonia y cuando él le tomo la mano para partir el pastel y para que evocar el momento del vals, por un instante sintió que eran ellos solos en el salón, hasta que Serdar sugirió un cambio de parejas, solo ahí noto que estaban rodeados de personas, eso era lo que ella debía evitar, estar a solas con él.

_ ¿Qué vas a hacer ahora? _ le dice para romper el silencio.


_ ¿No lo sé y tú?


No lo sé ¿alguna sugerencia?

_Bueno en realidad… ¿tienes alguna?

¿Tengo qué?


Me refiero a alguna sugerencia.

_Oh no… entonces vamos a dormir… me refiero a irnos a dormir por separados termina ella de decir al ver la expresión en su rostro.


Está bien _le dice él buenas noches.

Buenas noches responde ella con una sonrisa.


Omer se llevó una gran sorpresa al abrir los ojos y ver que estaba en una
habitación que no conocía.
El día anterior se había casado con Defne, recordó por fin.
Al oír música, se levantó de la cama, camino al baño, se dio una ducha, se
vistió y a continuación salió al corredor y se dirigió a la cocina.
La casa había sido decorada por Defne mientras él estaba con los detalles de
la herencia de su abuelo y era como ella sin duda alguna, luminosa, delicada
y llamaba sentirse cómodo en ella.
La encontró descalza, moviendo las caderas al ritmo de la música, llevaba el
pelo suelto y se había puesto una camiseta blanca y un pantalón corto, de
color azul claro.
Al verla él se sintió fuera de lugar, como un intruso.
De repente, la perspectiva de vivir juntos le pareció inquietante.
¿Sería capaz de levantarse todas las mañanas, verla ahí y refrenar su deseo
de hacerle el amor?
¿Sería capaz de fingir que no sentía nada por ella?
Iba a ser verdaderamente difícil.


Lo había descubierto durante la noche, tras dar vueltas y más vueltas en la
cama, incapaz de olvidar que Defne se encontraba a pocos metros de él, en
su dormitorio.
Cada vez que cerraba los ojos, se acordaba del beso que le había dado y
deseaba un poco más, mucho más.
Por lo visto, no había aprendido la lección de Iz.
Seguía sin entender que el amor lo volvía vulnerable, que lo empujaba a
cometer errores.
Incómodo, apartó la vista de sus caderas y de sus pies desnudos. –Buenos días.
Ella se giró, sobresaltada.
–Ah… Hola, casi había olvidado que… –y se ruborizó–.
Buenos días, Omer. ¿Te sirvo un café?
–Sí, gracias.
Omer observo el anillo que llevaba Defne ese que probaba de que ella era su
esposa, la música de la radio había cambiado, y ahora estaba sonando una
balada que contribuyó a aumentar la tensión entre los dos.
Se habían casado por interés, pero se gustaban demasiado
Él dio un paso adelante.
—Omer, no lo hagas
_ ¿Por qué?
_ ¿Porque las cosas podrían complicarse? _ le dijo ella al ver las claras
intensiones de él.


—Oh, sí, complicarse mucho —dijo él.
Podía sentir la respiración de ella, oler su perfume, notar como sus labios se
abrían, invitándolo a hacer lo que él deseaba.


—Omer, no deberíamos… —pero no acabó la frase, no se movió.


Él busco su mirada y ahí quedó prendado se le olvidó por qué estaba allí, se
olvidó de todo menos de ella, acaricio su mejilla e instintivamente ella cerro
los ojos.
Eso fue suficiente para que él entendiera que ella también deseaba ese beso,
tragó saliva, no deseaba nada más que el placer de su boca entre sus labios.
Había besado a docenas de mujeres a lo largo de su vida, pero nunca había
experimentado semejante deseo, era como si Defne fuera ese regalo de
Navidad que nunca había recibido.

Uno de los dos, o ambos, parecía, redujo la distancia que los separaba, ella lo
besó… y él la besó, algo largamente dormido dentro de ellos, explotó.
Los labios de ella aún conservaban el dulce sabor del café que había bebido
durante el desayuno, la suavidad de una mujer, la tentación de la fruta
prohibida, introdujo su lengua y comenzó a acariciar la de ella, Defne
respondió a cada una de sus caricias, él la llevo hasta la pared y ahí la apego
a su cuerpo, podía sentir cada centímetro de ella , sentir su pecho subir y
bajar, escuchar sus jadeos pidiendo más y él también quería, lo necesitaba,
quería tocarla entera llevarla a su cama y hacerle el amor hasta que se
cansara.
Una de sus manos subió hasta sujetarle la parte trasera de la cabeza,
hundiendo los dedos en el suave cabello mientras la otra presionaba la
presión que había encima de la cintura sintiendo que ella estaba lo
bastante cerca como para llevarlo hasta el límite que separaba la
necesidad de la agonía.
Antes de cruzar ese límite, recuperó el sentido y se echó para atrás.


—Lo siento, yo… no me voy a disculpar deseaba hacer esto_ dice Omer.


—Sí, yo también —responde ella con los labios rojos e hinchados, con un
aspecto de acabar de ser besados que hacía que deseara repetirlo.


Entonces…

_Entonces nada, esto es normal somos jóvenes, por lo menos yo no he estado con un hombre y no puedo negarlo tú me gustas, pero nada más no me interesa que este matrimonio se vuelva real. _Defne alcanza a decir cuando su teléfono comienza a timbrar _
Contesta le dice ella puede ser importante.


Omer se aleja a contestar la llamada eso le da tiempo para recuperarse, por
Dios que le pasa con este hombre, si él no se hubiera apartado le hubiera
permitido llegar mucho más lejos, eso es a lo que la gente llama deseo, un
sentimiento nuevo para ella, sin contar que por esa razón su novio la había engañado con cuanta mujer estuviera en frente, ¿porque con Omer?, todo
sería más fácil si ella no lo deseara locamente como lo estaba haciendo.


Me tengo que ir le dice Omer


_Está bien, de todas maneras, yo debo comenzar a prepararme para ir a la
oficina.


_Defne esta conversación no ha terminado.


_Omer, dejémoslo así, por favor no nos compliquemos la vida, solo
estaremos juntos un par de meses.


_Esta vez tendré que decir que no, esta noche hablaremos de lo que está
sucediendo entre nosotros


_No sucede nada entre nosotros…


_No sucede nada entre nosotros?, si no me hubiese detenido, en este
momento estaríamos en mi cama haciendo el amor.


_Bueno sí, pero no paso, estamos aquí y no sucedió nada mas.


_Ahora, pero te prometo que la próxima vez terminare lo que deje
inconcluso hoy.


_Eso será si yo te lo permito.


_Cuando te beso Defne, siento que soy arrastrado por una fuerza que me
deja sin aliento y lo que tomo de ti no me sacia quiero más y más, por favor
no me digas que a ti no te sucede lo mismo.


_Si, lo siento no lo niego, pero es deseo nada más.


_Yo no lo veo tan simple como tú, pero como dije lo conversaremos esta
noche, así que nada de excusas.
Omer se despide dándole un beso en los labios se supone era solo eso un
beso de despedida, él que se transformó en algo más, después de un
momento él se aparta y la deja ahí sin aliento tratando de reponerse de todo
lo que había sucedido la mañana de su primer día de mujer casada.

CONTIUARA

Deja un comentario