
Cuando volvieron a casa, se dieron cuenta de que ocurría algo, las luces de la habitación de Leyla aún estaban encendidas, por lo que se apresuraron a llegar hasta ella.
– ¿Qué sucede? – pregunta Defne al ver a la niñera con la pequeña en brazos.
–No es nada, tiene un poco de temperatura. – le responde.
Defne se apresuró a tomar a la niña.
-Omer, ve si Arik se encuentra bien, por favor. – le pide.
Él corrió para ver cómo se encontraba su hijo. Lo encontró durmiendo tranquilamente, despacio le tocó la frente, y al tacto su temperatura era norma y así en silencio salió de la habitación
–Se encuentra bien. – dice cuando llega donde esta Defne aun con la niña en brazos.
Omer le dio un beso en la frente a su hija
–Puede que no sea importante pero lo mejor es que la revise un doctor. – le dice él.
Leyla levantó las manitas para que la tomase en brazos y él lo hizo encantado, era tan maravilloso sentir el cuerpecito de su hija contra su pecho…
–¿Qué hacemos? – pregunta Defne.
–Ve a mi despacho, y en la libreta está el número del doctor de la familia, debemos preguntarle qué hacer en estos casos.
–Muy bien, iré en enseguida.
Defne prácticamente corrió hasta llegar al escritorio de Omer, Leyla era una niña muy sana, nunca se había enfermado y ver la así, la preocupaba mucho.
Marcó el número del único doctor que encontró en la libreta y luego de un rato contestó la llamada
-Perdón por llamar tan tarde. Habla la esposa de Omer Iplikci.
-No se preocupe, cuénteme. ¿Le sucedió algo al señor Omer?
-No, a él no, es a nuestra hija. La pequeña tiene fiebre y no sabemos la razón y tampoco sabemos que hacer en estos casos.
-Mire, por el momento manténganla con poca ropa y denle bastante líquido, tómele la temperatura cada 10 minutos, si dentro de una hora no presenta algún cambio y la fiebre no cede, deben llevarla a clínica, ahí los estaré esperando, puede que no sea nada, pero siempre es mejor saber la razón de porque el cuerpo está reaccionando de esta manera.
Defne colgó el teléfono tratando de recordar todo lo que le había dicho el médico, fue directamente a la habitación de la pequeña, le contó todo lo que el doctor le había dicho y siguieron las indicaciones que él dictó. Su única opción era esperar.
Después de pasada una hora, Leyla tenía la frente muy caliente y el termómetro marcaba casi 40 grados, Omer llamó al doctor, les indicó que se fueran a la clínica que él los esperaría allí, por lo que se fueron rápidamente, mientras la niñera se quedó al cuidado de Arik quien seguía profundamente dormido.
-Llama al doctor. Está muy pálida. – le dijo Defne mientras iban el auto.
–Seguro que es un resfriado. – respondió Omer.
–No, es algo más que un resfriado estoy segura.
–Estaremos en la clínica en diez minutos.
En menos de ese tiempo llegaron, Omer tomó a su hija en brazos y entró en la consulta del doctor, quien ya los estaba esperando.
–¿Qué sucedió? – fue lo primero que pregunto el doctor.
–No lo sé. – responde Defne, al borde de la histeria.
El medico examinó a la niña un momento y luego se volvió hacia ellos.
–Tenemos que internarla, le haremos exámenes para saber que sucede.
Al instante siguiente, llegaron unas personas con una camilla donde acostaron a la pequeña, que no podía ni abrir los ojos y la trasladaron a la sala de urgencia.
Cuando por fin después de interminables horas la trasladaron en la planta de pediatría, Defne se echó en los brazos de Omer llorando.
–¿Qué le sucede a nuestra hija? – le dice sin poder evitar los sollozos.
–No va a pasar nada, ya lo verás –dijo él, tratando de tranquilizarla. Aunque por dentro no estaba tan seguro, lo único que sabía era que su hija estaba enferma, aunque el miedo por Leyla lo tenía paralizado, se dio cuenta de que el miedo de Defne era aún peor.
–Tranquila, no va a pasar nada, nuestra hija está en buenas manos.
El doctor salió entonces al pasillo.
–¿Cómo está mi hija?
–La fiebre ha bajado, ya no tiene necesidad de oxígeno, pero si llegó deshidratada, por lo tanto, me inclino a pensar que ya lo peor pasó, ha respondido muy bien al tratamiento que le administramos, pero se quedará aquí esta noche, los exámenes nos darán la respuesta de que fue lo que pasó.
Omer asintió con la cabeza, intentando disimular su angustia.
–Pueden entrar a verla cuando quieras –dijo el doctor.
Defne apretó la mano de Omer, se alegraba tanto de no estar sola, se tenían el uno al otro.
–Gracias a Dios –dijo Defne.
Intentó sonreír, pero cuando lo miró a los ojos, la sonrisa desapareció, era como si lo viera por primera vez, o tal vez como si por primera vez se diera cuenta de que no estaba sola, que ya nunca más estaría sola con sus hijos, que ese hombre estaba dispuesto a vivir, no solo los momentos de placer con ella, sino los momentos de angustias como el que estaban viviendo con su hija.
De repente, se puso de puntillas y lo besó en los labios, un beso suave, una caricia. Omer quedó paralizado, era la primera vez que ella tomaba la iniciativa para acariciarlo.
Esa noche, en la habitación de la clínica, Defne se levantó para mirar por la ventana, estaba muy oscuro solo se veía su reflejo en la vidriera, detrás de ella, Omer dormía en el sillón…
Debía intentarlo, se dijo, dejar sus miedos en el pasado y aceptar que se había enamorado de su esposo. Omer no era como sus padres, tampoco como el hombre que la engañó con su mejor amiga, él era un hombre capaz de comprometerse con ella, y sus hijos para toda la vida, debía darse la posibilidad de ser feliz.
A la tarde del día siguiente se llevaron a Leyla a casa. Cuando llegaron, Arik no dejó de gritar hasta que Defne se inclinó para que tocase la cara a su hermana.
–¿Echabas de menos a tu hermana? – le pregunta Omer tomándolo en brazos.
–Es que no se habían separado nunca. ¿Ha dormido bien? –le preguntó a la niñera.
–Como un angelito –respondió ella–. pero esta mañana no dejaba de preguntar por ustedes.
Llevaron a la pequeña a la habitación, mientras su hermanito terminaba su almuerzo, y esperaron hasta que se quedó dormida.
–¿No vienes? – le pregunta Omer cuando él iba de salida.
–Prefiero quedarme aquí un ratito.
–Sé que estás cansada. ¿Por qué no…?
–Estoy bien, de verdad.
–Deberías darte una ducha y descansar un rato.
–Prefiero quedarme aquí.
Omer salió de la habitación, dejando a Defne de pie mirando a su hija mientras esta dormía.
Por fin al llegar la noche, su pequeña volvió a ser la alegre niña de todos los días, y volvía la tranquilidad al corazón de sus padres. Como nunca esa noche sus hijos jugaron hasta altas horas, ninguno les dijo nada hasta que los vieron bostezar, los llevaron hasta sus habitaciones, allí los arroparon, y los dejaron durmiendo.
En silencio salieron de la habitación de Arik quien fue el último en dormirse.
La tormenta había pasado, y en medio de ella Defne había tomado una decisión. Con valentía y sin decir ninguna palabra tomó la mano de su marido, y lo lleva hasta su habitación, abre la puerta y lo invita a pasar.
Omer sonrió y entró con su esposa a la que desde esta noche seria su habitación también.
Defne, se preguntó cuál sería su reacción si le dijese: te quiero.
Una vez dentro de la habitación ella se giró para quedar frente a él.
–Te amo, y quiero que lo sepas. – le dijo.
–¿Me amas? –le preguntó él.
–Sí –respondió ella–. Pase lo que pase en mi vida a partir de ahora, te seguiré amando.
Omer bajó la mirada, y Defne tragó saliva, nerviosa.
–Solo quería que supieras que siento mucho no haberlo confesado antes, pero es la verdad te quiero – le dijo.
–¿Sabes lo que esto significa para mí?
–Te amo, quizás no desde hace tanto tiempo como tú, pero te quiero, desde que conseguiste que mis hijos te amaran sin saber que eras su padre, te quiero desde que me miraste como si fuese la mujer más hermosa que hubieras visto nunca.
-Pero lo eres…
Ella rio.
–¿Me ha costado mucho preparar este discurso, y ahora no me dejas ser romántica?
El corazón de Omer estaba a punto de estallar de alegría.
–Adelante, sé romántica. – le dice.
–Muy bien –asintió ella, aclarándose la garganta–. Eres, increíblemente sexy, encantador y estoy deseando meterme en la cama contigo.
–Eso no es muy romántico.
–Claro que lo es.
Entonces Omer la besó, y por fin… por fin, ella no tuvo miedo. Ya no sentía miedo, lo único que sentía era placer y felicidad, una felicidad tan profunda que casi la mareaba.
Cuando por fin se separaron, ella tiró de su corbata.
–¿Crees que podrás dormir a mi habitación?
–¿Quieres la verdad? Por dormir a tu lado lo hará un esfuerzo. – le dice riendo y tomándola por la cintura– Pero yo tengo una condición.
–Ah, ¿sí?
–Creo que además de dormir juntos, deberíamos salir juntos.
–¿Salir juntos?
–Ir al cine, cenar a la luz de las velas, pasar fines de semana románticos en algún lugar encantador, sin los niños.
–¿Solos? – pregunta ella mirándolo coqueta.
–Los dos hemos perdido mucho tiempo y debemos recuperarlo, ¿no crees?
–Sí, es verdad.
–¿Por qué no recuperarlo?
-Porque no – afirmó ella.
–¿Qué es lo primero que vamos a hacer? – dice él.
–Yo estaba pensando en esto.
Se puso de puntillas y sus bocas se fundieron en un beso ardiente, y sensual, cuando no fue suficiente, se deleitó acariciando los fuertes músculos de sus hombros.
-Déjame llevarte a la cama.
-Si. – dijo ella, echando hacia atrás la cabeza.
Los ojos de Omer echaban fuego, la tomó en brazos.
-Un momento. – dijo dejándola en la cama. Desapareció y enseguida regreso con una botella de champaña
-No lo necesito. – le dijo ella.
-¿Quién dice que vamos a beberla?
Defne sintió que le ardían las mejillas no estaba preparada para aquello, contuvo la respiración al ver que la dejaba la botella en el suelo junto a la cama, luego puso una rodilla entre sus muslos, y llevó sus manos a los botones de su camisa.
-Quítamela. – ella obedeció y dejó al descubierto sus magníficos abdominales, antes que la besara en la boca, su corazón comenzó a latir desbocado.
Omer le mordisqueo el labio inferior a la vez que deslizaba las manos por su espalda bajando por las caderas y los muslos, volvió a subir, esa vez por
debajo del vestido, deleitándose con las curvas de su trasero.
-Dios. – llevo toda la noche preguntándome si llevabas algo debajo de este vestido.
Sus manos se aferraron a sus caderas, y la hizo colocarse a horcajadas sobre él. Defne se estremeció de placer al sentir su potente erección, se le quedó la mente en blanco, la necesidad de frotarse contra él, de sentir su miembro junto a su parte más sensible, era insoportable.
-Defne tienes que parar, esto va demasiado rápido.
Pero ella estaba disfrutando tanto de las sensaciones que no quería ir más despacio, deslizó las manos hasta el cinturón, y se lo desabrochó. Omer contuvo la respiración mientras, le soltaba el botón y le bajaba la cremallera, ella se rio mientras lo escuchaba maldecir entre dientes, cuando sus dedos rozaron su erección, luego tiró de su bóxer, y lo liberó.
-Necesitas prepararte para mí. – le dice él.
-Silencio. – le responde, poniendo un dedo en sus labios.
Los ojos de Omer se tornaron aún más oscuros y se echó hacia atrás, apoyando los brazos en la cama, la observó quitarse el vestido, y acercarse a su miembro, después la vio los ojos.
Omer tomó su mano, se la llevó a los labios y la besó, ella abrió los ojos y él vio miedo en ellos.
-Despacio cariño, hazlo despacio y toda ira bien. – le dijo animándola
Respiró hondo, y lo guio hasta su interior, tomándolo centímetro a centímetro, la sensación de hundirse en él fue increíble.
– ¿Bien? – le preguntó
Ella asintió mientras le proporcionaba una sensación de intimidad muy excitante. Cerró los ojos, giró las caderas y sintiéndolo dentro empezó a moverse, marcando el ritmo que rápidamente le hizo jadear.
-Mírame Defne, quiero verte la cara. – dijo tomándole la barbilla, ella obedeció, y el fuego de sus ojos mientras lo montaba la excitó de una manera irresistible.
-No sé cuánto voy a poder soportar esto. – dijo él.
-Déjate llevar. – respondió ella
Cabalgó sobre él, y fue aumentando el ritmo, provocando que Omer cerrara los ojos y su respiración se volviera entrecortada. Quería tener el control del placer. Se hundió en él para sentirlo más adentro. La deliciosa fricción que sentía cada vez que se movía sobre él la estaba llevando al límite.
-Defne. – dijo él, empujando hacia arriba con las caderas para imponer el ritmo. Necesito… no puedo…
Ella se aferró a los fuertes músculos de sus hombros ,y sintió sus últimas sacudidas, antes de vaciarse dentro de ella, y hundir el rostro en su cuello.
Poco a poco su respiración volvió a la normalidad y la apartó para mirarla a los ojos.
-No se supone que fuera así. – susurró Omer. – No suelo perder el control de esta manera.
Defne se mordió el labio inferior y bajó la mirada al torso de Omer.
-Quería hacerte disfrutar.
-Has estado increíble. – le aseguro él, tomándola de la barbilla que lo mirara a los ojos. – ¿te has quedado cerca?
Ella asintió
Entonces dejemos que las cosas sigan su curso añadió bajándoles los tirantes del vestido por los hombros.
Defne sintió que se le aceleraba el corazón, Omer deslizo las manos hasta sus muslos y le hizo poner de rodillas
-Sube los brazos. – le ordenó
Ella obedecido, y él le quitó el vestido por la cabeza dejándola con el sujetador, luego la empujó suavemente hasta dejarla recostaba en la cama, y tomó la botella
-Vas a estropear la cama. – protestó ella al verlo con la botella en la mano
-Olvídate de la cama. – murmuro él, derramando el líquido sobre su piel ardiente. Relájate.
Su vientre se contrajo al sentir su lengua lamiendo el rastro de champan en su pecho, se metió un pezón en la boca, y succionó antes de hacer lo mismo con el otro, Defne se retorcía, y trató de incorporarse al
sentir sus labios sobre la piel temblorosa de su vientre, él le dio un beso sobre los tensos músculos de su vientre impidiéndole levantarse.
-Eres preciosa. Quiero saborear cada rincón de ti.
Aquello la derritió, relajó los músculos y dejó que le separara las piernas para acomodarla a su gusto, luego continúo dejando un rastro de líquido hasta su zona más sensible.
-Oh. – exclamó
Se aferró a las sábanas, y cerró los ojos al sentir los movimientos lentos y envolventes de su lengua sobre su clítoris. Sus caderas se elevaron de la cama
-Tranquila. – dijo Omer, sujetándola con las manos, mientras seguía proporcionándole placer.
-No puedo.
Clavó las uñas aún más en la cama, y se dejó llevar por aquella sensación, estaba demasiado excitada y cuando su legua se hundió repetidamente en el pequeño montículo que era el centro de su placer, no pudo soportarlo más
-Omer… por favor…
-Silencio. – dijo deslizando una mano por debajo y levantándola hacia él. – lo sé.
Entonces introdujo uno de sus largos dedos dentro de ella, entrando, y saliendo de ella, añadiendo una nueva forma de placer, la magia de sus expertas caricias la llevó a un orgasmo tan intenso que todo su cuerpo se convulsionó.
Después de las sacudidas, permaneció recostada tratando de recuperar el aliento. Omer se deslizó hacia arriba, apoyó los codos a cada lado de ella y le acaricio la mejilla
-Eres una caja llena de sorpresas, Defne Iplikci_
-Tú tampoco estas mal.
Metió las manos por debajo de ella, la tomó, y la llevó al cuarto de baño
-Tenemos que limpiarte esto, o estarás pegajosa.
Abrió el grifo, esperó que saliera el agua caliente y la metió en la ducha. Defne cerró los ojos mientras él la frotaba con tanta sensualidad que volvió a desearlo de inmediato, luego la llevó a la cama, e hizo nuevamente su sueño realidad.
Cuando todo acabó, Defne apoyó la cabeza en su hombro, y se dejó llevar por la placentera sensación que Omer despertaba en ella, a su lado se sentía completa y protegida.
Al día siguiente Omer despertó siendo atacado por los mellizos. Estaban haciendo el esfuerzo para subirse arriba de él, riendo como dos pequeños maníacos.
-Defne, ayuda. Socorro. – decía Omer
Eso hizo reír a los niños aún más, cuando ella abrió los ojos, estaban los tres muertos de la risa, a Omer le costó trabajo convencerla de que aquellos dos angelitos habían estado lanzándose contra su estómago como balas de cañón.
-Ellos no harían eso. – aseguraba ella. – no pueden saltar, son pequeños.
-Son pequeños monstruos, eso es lo que son. – protestó él. – dignos hijos de una bruja.
-Oye.
-Ven aquí, bruja. – sonrió Omer.
Riendo, Defne se unió a ellos en el juego de las cosquillas.
Cuando por fin los niños se levantaron, ellos les dieron de desayunar y los mandaron al jardín.
–¿Jugamos? –preguntó Arik, dando saltos de alegría.
–Dentro de un minuto –contestó su padre. – Ahora tengo que hablar con tu madre.
Los pequeños siguieron rodeándolo, con los ojos muy abiertos.
–Si van a jugar ahora, los invitaré a un helado después. – locos de contentos, los niños corrieron al jardín.
–¿Qué sucede? –preguntó ella.
-Esto – dijoo él, riendo y a continuación se puso de rodillas y le pregunto–¿Te quieres casar conmigo?
–¿Qué quieres decir? Nosotros ya estamos casados, o acaso lo olvidaste.
-No, no lo he olvidado, así como tampoco olvidé que te chantajeé para que lo hicieras. Esta vez quiero que lo hagas porque tú lo quieres.
A Defne le dio un vuelco el corazón, ya no tenía miedo, Omer era un hombre maravilloso, nunca la dejaría y ella nunca lo dejaría a él, lo amaba.
–Pues, ¿Quién se podría negar a una propuesta como esta?
-¿Eso es un, sí?
-Si. – le dice ella.
–Te amo tanto, nunca había querido a nada ni a nadie en mi vida.
A Defne se le hinchó el corazón de felicidad.
–Yo también te amo, quiero que siempre formes parte de mi vida.
–¿Con problemas y todo?
–Solo tendremos felicidad, alegría y una familia unida.
Entonces, sus labios se encontraron. Y Defne supo que había encontrado un amor para toda la vida.
FIN
