
CAPITULO 1
Caminaba apenas, entre el cansancio, y las copas de demás. Su cuerpo le pesaba. Se arrastró hasta la habitación en la que se hospedaba su novio. En su borrachera tomó la decisión de adelantar su noche de bodas. Durante los dos años de noviazgo nunca había tenido intimidad con su él.
Sus amigas la llamaban mojigata, o, santurrona, solo por querer llegar virgen al matrimonio. Esa decisión la había tomado cuando era pequeña, pero en vista de que su matrimonio sería al día siguiente, 24 horas no harían gran diferencia.
Camino a realizar sus planes, chocó de lleno con el torso de un hombre, inhaló su perfume: era exquisito. No logró ver su rostro, pero si vio el número de habitación a la que entró.
Una empleada del hotel le abrió la puerta de la habitación de su novio, a nadie le causó extrañeza que ella quisiera pasar la noche con él. Luego de que la mujer le dejara la puerta entreabierta, como pudo, entró, y se tiró en el sillón a descansar, para así tener fuerzas, y llegar hasta la cama donde, en un momento más, haría el amor por primera vez.
Estaba desplomada sobre el sillón con los ojos cerrados, cuando de pronto escuchó unos ruidos extraños que venían del baño. A tientas, se tambaleó para saber que sucedía. Avanzó, apoyándose contra la pared, hasta que de repente escuchó la voz de una mujer. Gemidos llegaron directamente a sus oídos, y luego se detuvieron, se le enfrió la sangre, pues lo único que se escuchaba era la respiración agitada de un hombre.
Luego de un momento que a ella le pareció un siglo, escuchó la voz de su novio.
-Vístete y vete a tu habitación – susurró con voz ronca.
-¿Qué, te da miedo que Defne se entere de lo nuestro?, Descuida, con todo lo que le di a beber, podría vernos ahora y mañana no se acordaría de nada – se rio la mujer.
Al escucharla hablar, Defne supo exactamente quien era la mujer, pero aún no daba crédito a lo que estaba viendo, su novio y su mejor amiga. Muchas preguntas vinieron a su mente, pero no era tiempo de querer respuestas, solo agradecía no haberse entregado al maldito que estaba desnudo en el baño.
Como pudo, y sin hacer ruido, salió de la habitación, caminó sujetándose en las paredes hasta llegar a una puerta. Al afirmarse en ella, esta se abrió, cayendo ella estrepitosamente al suelo. Se levantó, estaba todo oscuro, caminó unos pasos y sintió nuevamente el olor del perfume que le había quedado retenido en su nariz. Se dejó guiar por el olor, y este la llevó hasta la cama donde se veía la figura del hombre acostado, y al parecer, ya dormido.
Le pagaré con la misma moneda, se dijo, y se quitó el vestido que llevaba puesto. Una vez desnuda, se acostó al lado del hombre, y comenzó a recorrer su espalda con la yema de su dedo, logrando que el hombre soltara un suspiro, se girara y sin mediar nada, la atrajera hacia él.
Defne, que soñaba con mantener el control de la situación, perdió por completo el control cuando la boca del desconocido se posó sobre la suya. Cuando la rodeo por la cintura para acomodarla más a su cuerpo. El corazón, pareció que quería salirse del pecho. Se aferró a la camisa del pijama del hombre, atrayéndolo hacia ella. Él hizo el beso lento, tirando sensualmente de sus labios, y Defne se abandonó a la sensación de calor que se estaba apoderando de ella.
Ese olor … el que provenía de su cuerpo la excitaba demasiado, al igual que la barba que le raspaba ligeramente. Subió la mano a su cabeza, y hundió sus dedos en su pelo suave, y denso, para acercarlo aún más, y a pesar de todo, no era suficiente.
Cuando el hombre acarició por primera vez su lengua con la suya, Defne contuvo el aliento. Al notar su reacción, él, continúo acariciándola, una y otra vez, con un ritmo sensual que hizo que una llamarada de calor descendiese como un rio de lava por su pecho, hasta alcanzar su vientre, y el valle entre sus muslos.
¿Cómo podía desear a alguien así, solo por un beso? Necesitaba aire, pero cuando despegó sus labios, y apartó su rostro, él continúo besándole el cuello. Le mordisqueó suavemente el lóbulo de la oreja y ella tembló entera.
Omer despertó sintiendo que unos dedos recorrían su cuerpo, eran dedos pequeños, pero causaron que su cuerpo se quemara, siguió sus instintos y la tomó por la cintura. Se sentía pequeña, pero se amoldó a su cuerpo sin ningún problema, de ahí en adelante, solo sintió su carne arder con cada caricia que ella le proporcionaba. Su corazón se desbocó, e intentó calmarlo, diciéndole que eso era más que deseo, pura atracción física, de inmediato nació en él, la sensación de que algo más ocurrió en esa cama, en esa habitación, algo que lo había impactado, y que no le permitía actuar con la cordura habitual.
Se quedó quieto, tratando de mirar en la oscuridad quien era la mujer que había despertado tal deseo en él, pero luego de un momento, se rindió, y se inclinó para tomar nuevamente los labios de la mujer, el beso pronto se volvió apasionado, y de la garganta de ella escapó un gemido de placer que lo volvió loco, mientras tanto la mujer comenzó a desabrocharle la camisa con impaciencia.
El hombre reclamó sus pechos, y ella echó la cabeza hacia atrás con un gemido, con sus dedos él le acarició la curva inferior de sus senos y Defne se arqueó como un felino al sentir que se endurecían los pezones.
Omer necesitaba ver quien era la mujer, trató de alcanzar la lámpara del velador, pero ella se lo impidió, tomando su mano y llevándola sobre uno de sus senos, donde él comenzó a trazar círculos en torno a sus pezones con la yema de los pulgares.
Defne sintió una punzada de deseo entre las piernas y se mordió el labio inferior.
-Me gusta la idea de hacer esto despacio, observando tu rostro… porque ¿sabes qué? – se inclinó y le susurró al oído – sé exactamente lo que quieres…
Esa voz hablando a su oído fue suficiente para encenderse aún más. En la oscuridad, ella solo negó con la cabeza, y no necesitó decir nada más, para que él entendiera. Se inclinó para tomar el pezón con su boca, y se puso a lamerlo, y succionarlo. Defne sentía como si un millón de pequeñas sensaciones se estuvieran desatando en su interior, para su sorpresa, hizo que se diera vuelta, dejándola boca abajo, luego recorrió con las manos su espalda desnuda y la beso en la parte baja. Ella jadeó, y se arqueó con placer, cuando los labios de él subieron beso a beso por su columna, le mordió suavemente el hombro y le apartó el cabello para besarla en la nuca, y después en el cuello.
Aferrada a la almohada con los dedos, gimió con cada caricia y con cada una de ellas, sentía cada vez más tensión en su interior, esa tensión a medio camino entre el tormento y el éxtasis.
El hombre parecía todo un experto en cuanto a dejarla con ganas, de más, porque justo en ese momento, la volvió a dar vuelta, Defne se incorporó y prácticamente le arrancó la camisa, en la oscuridad de la noche no había tiempo para buscar los botones, por lo que sintió como estos volaban por la habitación, luego él se quitó el pantalón.
Sin embargo, él no tenía aun intensiones de poseerla, bajó, se puso entre sus piernas, y comenzó a besar la cara interna de sus muslos, subiendo poco a poco por ellos, para luego atacar la parte más íntima de la mujer.
Defne sintió una sacudida de deseo en su interior, que le arrancó un grito de placer. Él continúo lamiéndola una y otra vez, tomándose su tiempo, excitándola aún más, hasta que sintió que ella ya no podía soportarlo, porque hundió los dedos en su pelo para levantarle la cabeza. Omer ascendió beso a beso, hasta llegar a sus labios y se fundió en un apasionado beso.
El hombre gruñó excitado y comenzó a penetrarla, ella emitió un grito ahogado, y él se detuvo por unos segundos
-Diablos eres virgen. – le dijo. – lo lamento, pero no me puedo detener ahora.
Cuando la penetró nuevamente, lo hizo lentamente hasta llegar a lo más hondo de su cuerpo y luego comenzaron a moverse juntos, los envolvió un calor que se expandió por todo su cuerpo, abrazándolos en cada sacudida de sus caderas. Poco después de llegar el orgasmo, se les oyó gemir, y ambos cayeron rendidos en la cama.
En lo que recobraban el aliento, él rodeo su espalda con su brazo y le acaricio el pelo con al otro mano, mientras ambos se dormían así abrazados.
A media noche, Defne despertó, se encontró abrazada a un hombre, comenzó a recordar todo, poco a poco se retiró de su cuerpo, se levantó, buscó su vestido, se vistió, y salió de la habitación.
Tal como estaba planeado, Defne se presentó a la boda. Llevaba un vestido blanco camino al altar, donde la esperaba su sonriente novio, y su amiga, como dama de honor, la ceremonia se llevaba a cabo de manera normal, hasta que el ministro hizo la tradicional pregunta.
-Si hay alguien que se oponga a esta unión, que hable ahora o que calle para siempre.
Defne tomó aire y ante la mirada atónita de todos los presentes dijo:
-Yo, yo me opongo este matrimonio.
-¿Como? – le dice el novio – ¿Debe estar bromeando? Este no es el momento adecuado para eso, mi amor.
Defne se giró hacia los invitados a la boda
-¿Quieren saber porque me opongo a esta boda? Yo les voy a contar, este… hombre que ven aquí, que dice que me ama, y que me ha sido fiel y que lo seguirá siendo, anoche lo encontré revolcándose en el baño con mi mejor amiga.
-No. – exclama la amiga de Defne. – Debes estar equivocada, anoche bebiste mucho, tal vez alucinaste.
-Si acaso lo que tuve fue una pesadilla al escucharlos como se burlaban de mí. Créanme, jamás olvidaré sus palabras, así como tampoco olvidaré lo que me hicieron. Así que esta boda queda cancelada. – y a continuación con todo el orgullo que le quedaba, caminó por el pasillo hasta abandonar la iglesia.
CONTINUARÁ
